Los inicios del movimiento obrero portugués
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En Portugal, como en el resto de países europeos, se prohibieron las asociaciones de tipo reivindicativo obreras cuando se extinguieron los gremios, hecho que se produjo en 1834. Además, el Código Penal de 1853 prohibía las huelgas. Se toleraban las asociaciones de ayuda o socorros mutuos, que comenzaron a proliferar en la década de los años cincuenta. En ese contexto, en 1852 se creaba el Centro Promotor de Mejoramiento de las Clases Trabajadoras en Lisboa, con estatutos del año siguiente, formados por el ingeniero Francisco María Sousa Brandão. Fueron sus presidentes Antonio Rodrigues Sampaio y Francisco María Vieira da Silva. Este centro no era una sociedad de socorros mutuos.
En los estatutos se especificaban sus objetivos: fomentar la creación de asociaciones, difundir la educación primaria y técnica, organizar cunas y centros para cuidar a personas con discapacidad, establecer almacenes y tiendas, mejorar los métodos de trabajo y promover la enseñanza de la economía industrial y doméstica. El Centro se convirtió en un foro de discusión política y social, además de promover el asociacionismo. En este sentido, es importante la creación en su seno de una comisión de asociaciones obreras en 1853. También hay que destacar el debate que se generó para crear un albergue para inválidos por causa laboral en 1863, y otro sobre la cuestión alimenticia y la organización de guarderías en 1865. Editaba un periódico, el Jornal do Centro Promotor dos Melhoramentos das Classes Laboriosas, que se puede consultar digitalizado en la Biblioteca Nacional de Portugal, y en la Biblioteca Digital del Patrimonio Ibérico. Desde 1871 contó con una Biblioteca.
En octubre de 1870, el Centro dio un giro en sentido socialista cuando se reformaron los estatutos acercándose a lo que se había hecho en Londres con la Internacional, siendo su presidente Francisco Vieira da Silva. Pero los estatutos no entraron en vigor, y se volvieron a rehacer en 1872 por una comisión compuesta por Sousa Brandão, José Fontana, Noble Francia, Luis Eca y Eduardo Maia. El giro socialista se confirmó con la publicación en enero de 1872 de un Manifiesto, que tuvo amplio eco en Portugal y fuera del país gracias a su publicación en diversos periódicos. Iba dirigido a los trabajadores portugueses para promover la fraternidad y la solidaridad, además de la creación de cooperativas de producción y consumo.
Fueron miembros del Centro intelectuales, liberales, republicanos, radicales y socialistas fundamentales en la Historia de Portugal, como son Antero de Quental, Azevedo Gneco, Casal Ribeiro, Felizardo Lima, Fontes Pereira de Melo, Gomes da Silva, João Bonança, João de Sousa Amado, José Fontana, José Mesquita da Rosa, Júlio Máximo Pereira, Lúcio Fazenda, Miguel Carvalho, Nobre França, Oliveira Martins, o Silva Viana.
Pero la diversidad de sus miembros provocó, lógicamente, que se plantearan divisiones sobre la vinculación política o no del movimiento obrero, en línea con lo que ocurría en el resto de Europa. En cierta medida, en relación con el Centro, y entre sus miembros más radicales, estaría la creación de la Sección Portuguesa de la AIT, y luego la del Partido Socialista.
La importancia del Centro fue protagonizar una etapa de la historia del movimiento obrero portugués, en relación con lo asociativo y, sobre todo, en la toma de conciencia de la clase obrera.
A mediados del siglo XIX comenzaron a penetrar las ideas socialistas en Portugal. En 1850 se fundó el primer periódico socialista, el Eco dos Operarios. Los intelectuales intentaron influir con ideas y mensajes socialistas sobre una escasa clase proletaria. En este sentido es significativo comprobar cómo en ese mismo diario socialista se hablaba del deseo de muchos trabajadores de convertirse en capitalistas, de hacerse con propiedades. Habían sido campesinos y habían huido del campo para intentar entrar en la sociedad burguesa urbana. Pero era harto difícil, dado el atraso de la Revolución Industrial lusa. Una salida sería la emigración hacia el Brasil. El socialismo portugués no fue muy poderoso en sus inicios, a pesar de que dio figuras muy comprometidas. Perdió fuerza frente al republicanismo, la apuesta progresista que pretendía acabar con el sistema liberal del rotativismo político, y que suponía el acceso al poder por turno o rotación entre los dos partidos de la familia liberal. Esta alternativa pasaba por instaurar una república democrática, pero sin tocar la estructura social del país.
En esa época central de la centuria destacó la figura del socialista Henriques Nogueira, cuyo pensamiento tenía cierta influencia de Fourier. Nogueira defendió ideas iberistas y federalistas, así como el cooperativismo y la importancia de los municipios frente a las concepciones centralistas del Estado portugués.
Habría que esperar a la década de los setenta del siglo XIX para que cristalizaran las organizaciones obreras, en clara conexión con la AIT, y en cierta medida, de forma paralela a lo que ocurría en España, aunque con un desarrollo distinto. En este momento histórico fue muy activo el poeta Antero de Quental. El literato formó parte del grupo Cenáculo, formado por los más destacados intelectuales de la época, como Teófilo Braga y Eça de Queiroz, entre otros. Este grupo organizó las Conferencias del Casino en 1871 para intentar galvanizar a la sociedad portuguesa con el fin de modernizar el país, pero el gobierno terminó por prohibirlas. El grupo recibió muchas influencias ideológicas, rastreándose, entre ellas, las de Proudhon. En 1872, Quental organizó la Sección portuguesa de la Asociación Internacional de Trabajadores. También se presentó a las elecciones como candidato socialista.
En 1875 se formó la primera organización estable socialista de signo marxista de la mano de José Fontana y Azedo Gneco, diluyéndose las influencias iniciales de Proudhon. Gneco fue la personalidad socialista más acusada del último cuarto del siglo XIX. Mantuvo correspondencia con Marx y Engels y fue elegido secretario de la Sección Portuguesa de la AIT.
En el año 1878 este grupo pasó a ser el Partido dos Operarios Socialistas de Portugal. En ese momento se produjeron importantes divergencias internas y escisiones. Gneco dejó de liderar la formación, enfrentándose a la línea posibilista. Efectivamente, desde muy pronto en el seno del socialismo luso se fueron fraguando dos tendencias, la de carácter posibilista de Luis de Figuereido, y la revolucionaria de Azedo Gneco. En 1895 adoptó el nombre de Partido Socialista Portugués y Gneco regresó a la estructura dirigente del partido.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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