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Mecánica social y psicología del soldado victorioso que regresa de la guerra


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Luis Araquistáin reflexionó sobre la psicología del soldado que volvía de la guerra al poco de terminar la Gran Guerra. Pero se trataba del soldado victorioso, del campo aliado, no del soldado que regresaba a un país vencido. El artículo, después de plantear las causas sociales, se detenía en las psicológicas. Creemos que las ideas expuestas son sumamente sugerentes más allá de la coyuntura de la posguerra de la Gran Guerra.

El intelectual socialista exponía la crispación social que existía especialmente en Inglaterra, Francia y hasta en Estados Unidos, con huelgas y distintas inquietudes.

En esta “convulsa fiebre social” en los países victoriosos habría, en principio, causas que el autor definía como de “naturaleza mecánica”. La guerra había representado una especie orden perfecto, pero ahora sobrevenía un “desorden transitorio”, previo al nuevo orden de paz.

Se habían paralizado las industrias de guerra y mientras se transformaban en industrias de paz disminuía el trabajo y eso hacía cundir el descontento entre la clase obrera. Es más, eso ocurría también en los países neutrales, poniendo el ejemplo español de Eibar donde se estaba produciendo una grave crisis.

A este desorden se agregaba el que generaba el querer que los soldados se transformasen en obreros. El trabajador que regresaba el frente no encontraba fácilmente el puesto que antes ocupaba o lo encontraba ocupado ya.

Ese doble desorden que acompañaba a la reorganización de los países victoriosos, aunado al encarecimiento de las subsistencias, era la raíz del desasosiego obrero.

Esas eran las causas que Araquistáin denominaba de “mecánica social”, pero habría otras causas de orden psicológico. Se trataba de saber cómo veía la vida, y su vida el soldado que volvía de las trincheras a trabajar en un taller o en una mina. Ya no era el combatiente satisfecho ni el soldado que iba a la guerra como una servidumbre porque así se lo habían ordenado. El soldado victorioso para Araquistáin, había sido un soldado de la Humanidad porque no sólo había defendido su patria por el hecho de serlo sin como un “depósito de libertades en peligro”. Pues bien, ahora regresaba a su ambiente doméstico o cotidiano. Los laureles de la victoria no eran más que un “sarcástico giro retórico”. Ahora le esperaba una casa pobre, sucia, angosta y oscura, una mujer envejecida antes de tiempo por el enorme trabajo entre la fábrica y el hogar, y una prole harapienta que no podía alimentar ni ofrecer una educación adecuada, sin olvidar la cruda realidad del trabajo, con un jornal que solamente podía mejorar en algunos céntimos y que, a todas luces, era insuficiente.

Era una dura realidad a la que regresaba el soldado victorioso. No era la idea que se había formado de sí mismo y que el mundo le había confirmado. Era un momento en el que la conciencia de su personalidad se estaba haciendo más clara y rotunda en relación a que sobre sus hombros descansaba el mundo. Y ahí estaría la causa más profunda de la agitación social.

Hemos trabajado con el número 3479 del 16 de febrero de 1919 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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