La necesidad de los partidos socialistas: reflexionando con Delville
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Dentro de mis intereses como historiador del socialismo la cuestión de las razones por las que se pensó que debían crearse partidos políticos obreros después de la fallida experiencia de la AIT ha sido uno de los principales.
En esta pieza nos acercamos a la opinión del francés Gabriel Delville que trató la cuestión en su “Estudio sobre el socialismo científico”, que se publicó por vez primera como un prefacio a Le Capital de Karl Marx; Résumé et acompagné d’un apercçu le socialismo cientifique, en París en 1883 y que en 1887 se tradujo al castellano. Delville fue uno de los principales divulgadores franceses del marxismo de la versión de Guesde.
La creación de los partidos obreros surgiría por una necesidad del proletariado, ya que como conjunto sin voluntad de independencia ni conciencia de su posibilidad de emanciparse era incapaz de aprovechar las contradicciones del sistema capitalista. Y por eso era necesario crear el partido obrero, esto es, organizarse.
Partiendo del principio de que la emancipación de los trabajadores era competencia exclusiva de los mismos, el primer paso sería la creación de un partido conscientemente hostil a sus opresores. La organización sería fundamental para el socialismo, siendo una organización independiente a la que tenían los partidos burgueses, y que agruparía a los que se encontraban condenados al salario. Sería la organización de la fuerza interesada en acabar con la sociedad capitalista. La división y lucha de clases eran la clave, por tanto, para entender la formación de un partido obrero.
Para esa lucha se hacía necesario que solamente hubiera un mismo “grito de combate”, es decir, una única voz, una estrategia común, y todo bajo un programa de clase que se convertía en el compendio de las reivindicaciones colectivas y no para atender los caprichos individuales. Deville no era partidario que las agrupaciones del partido redactasen su propio programa, es decir, insistía en que debía ser común. Si no era así se corría el riesgo de caer en contradicciones y eso abriría la puerta a las divisiones, intrigas y especulaciones personales.
El partido no debía reclutar solamente a los proletarios urbanos, porque aunque reconocía que eran la fuerza motriz de la sociedad no se debía excluir a los obreros del campo, ni a los pequeños burgueses. Había que hacerles comprender su posición de clase inferior, cuyos intereses eran diametralmente opuestos a los de la burguesía capitalista, es decir, la clase que vivía de la explotación del trabajo ajeno.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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