Lo que le dice la máquina al obrero
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Proponemos al lector un texto muy sugerente sobre lo que le podría decir la máquina al obrero, según lo expresó Pi y Arsuaga.
Debemos recordar que Francisco Pi y Arsuaga (1866-1912) fue dramaturgo, publicista y político republicano, hijo de Francisco Pi y Margall y hermano de Joaquín. De joven escribió dramas y colaboró con su padre en la elaboración de la Historia de España en el siglo XIX, que se publicó en 1902. También colaboraría en La Revista Blanca.
Cuando falleció su padre, le sucedió en la jefatura del Partido Republicano Federal. Pi y Arsuaga siempre tuvo muy buenas relaciones con el mundo obrero de Barcelona. Sería diputado en Cortes en cuatro ocasiones, la penúltima dentro de Solidaritat Catalana. Se da la circunstancia de que en el parlamento luchó por el voto femenino para las mujeres emancipadas, mayores de edad y cabezas de familia, pero no lo consiguió.
El texto:
“Lo que dicen las máquinas
Cruje hecho ascuas el carbón en el horno, hierve bulliciosa el agua en la caldera, oprime el el vapor el émbolo, el émbolo empuja la biela, la biela mueve el eje, el eje hace girar el poderoso volante, y mientras ruge la máquina como fatigado monstruo, la correa sin fin pone en movimiento otros ejes y otras ruedas, otras correas y otras máquinas. La industria marcha, la producción aumenta, el obrero labora.
¡Qué hermoso poder el de la humana inteligencia! A su conjunto se multiplica el movimiento y surgen el calor y la luz.
Pero, ¡ay!, aun puede la máquina decir al obrero:
—No te enorgullezcas. En nada te diferencias de mí. Instrumento de trabajo como yo, tu estómago, como mi horno el carbón indispensable, no recibe sino el alimento estrictamente suficiente para que sigas desempeñando tu función mecánica. Soy un instrumento más apreciado que tú, porque tú abundas más y cuestas menos. Cuando me gasto, me tiran; cuando te gastas te abandonan. Es lo mismo; no es lo mismo, peor; porque tu única ventaja, tu inteligencia, se convierte entonces en daño tuyo; la conciencia de tu pasado valer será tu tormento. Tú, como yo, produces; produces, como j'o, para los otros, no para ti. Labramos juntos fortunas que te pertenecen y que jamás disfrutas. Obrero, apodérate de mí; arráncame de los brazos del viejo capital, tu desposorio conmigo es tu salvación única. Deja de ser instrumento para que el instrumento te pertenezca. Te quiero amo, no compañero. El capital me explota, sólo tú me fecundas. Sólo á ti quiero pertenecer.”
Fuente: Vida Socialista, número del 14 de julio de 1912 (el texto es póstumo, porque Arsuaga falleció el 19 de marzo de ese mismo año).
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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