Un anarquista sin saberlo (1912)
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Queremos compartir en las páginas de El Obrero un sugerente texto de Alfredo Calderón donde se interroga si era o no anarquista, y que publicó Vida Socialista en su número del 25 de febrero de 1912.
Alfredo Calderón y Arana (1850-1907) fue escritor, periodista y publicista, y también un destacado republicano. Fue discípulo de Julián Sanz del Río y de Fernando de Castro. Se doctoró en Derecho en la Universidad Central, y fue catedrático en la Institución Libre de Enseñanza. Dejó la enseñanza por el periodismo, colaborando en los principales medios republicanos, tanto de Madrid como de fuera de la capital. Fue redactor de La Propaganda, director de La Justicia, escribió en El País, La República de Bilbao, El Mercantil Valenciano y El Diluvio de Barcelona. También escribió algunas obras.
Este es el texto, pues;
“¿Anarquista?
No soy anarquista; pero cuando recorro las páginas de la Historia y contemplo la serie inacabable de excesos, violencias, crímenes y atentados que la pasión, la envidia, la ambición, el odio, la soberbia, disfrazados de razón de Estado, perpetraran en todos los tiempos; las conquistas bárbaras, las represiones sangrientas, las guerras devastadoras, los asesinatos políticos, los regímenes de opresión, las persecuciones, |as proscripciones, los patíbulos, las hogueras, me pregunto con asombro cómo las sociedades humanas han podido sobrevivir á la repetición incesante de atrocidades tamañas, y me asalta la duda de si no será el poder el peor de los enemigos del derecho y la autoridad tirana más que tutora de los rebaños que apacenta. No soy anarquista; pero ante el espectáculo de la sociedad, tal como la ha formado la Historia, instituciones anacrónicas y absurdas, viviendo de la velocidad adquirida; la dirección común puesta en manos de los más audaces ó afortunados; el palo como supremo resorte de gobierno; la fuerza de todos ejercida por algunos, que son de hecho por ello, pese á todos los convencionalismos democráticos, dueños y señores de los demás; la razón otorgada siempre ai más fuerte; la ley del embudo erigida en Constitución interna; la educación transformada en un medio de deformación de los espíritus para adaptarlos al ambiente; el sentimiento religioso convertido en monopolio de una Iglesia que hace de él su negocio y adora á Dios «pane lucrando»; la riqueza otorgada por el azar, adquirida por el demérito, consagrada á mantener el ocio y el vicio; el amor prisionero, como en estrecha cárcel, en el matrimonio indisoluble... dudo si la civilización no habrá sufrido extravío; si la Humanidad no habrá hecho, como dicen los franceses, falsa ruta, y si no sería más fácil que corregir organización tan defectuosa, hacer de todo tabla rasa y emprender de nueva planta la inmensa labor de los siglos.
No soy anarquista; pero en presencia de ese Leviatán que se llama el Estado, con su Constitución, sus leyes, sus códigos, sus poderes, sus partidos, sus clases, sus órdenes, su presupuesto; con su administración, su burocracia, su fuerza, sus tribunales, sus prisiones, sus cadalsos y sus verdugos, todo ello tan poderoso para el mal, todo para el bien tan impotente; en presencia de esa institución que tiene por lema el derecho y por práctica la violencia; que no persuade, que no amonesta, que no ampara, que no defiende, pero que impone, cohibe, reprime, castiga; en presencia de ese monstruo que devora todos los años mil millones para mantener á sus parásitos, y no da en cambio instrucción, ni protección, ni sosiego, ni paz, ni gloria, ni justicia, ni pan; que roba el voto al ciudadano y luego le zampa en la cárcel; que despoja al contribuyente y luego le fusila, doy en pensar qué es lo que podría perder la sociedad con verse amputado al rape tan disforme y horrendo pólipo.
No soy anarquista... es decir, nunca creí que lo fuera. Pero bien considerado todo y hecho examen de conciencia, acaso resulte que era un anarquista sin saberlo.”
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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