Un ejemplo de lenguaje sexista en una causa justa (1925)
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Tanto el lenguaje escrito, como el hablado, ha mantenido durante mucho tiempo una serie de tics que no pueden dejar de considerarse sexistas, hasta en relación de movimientos políticos y sociales avanzados como el obrero, y para causas justas, es decir, para luchas en favor de igualdades, contra privilegios y para intentar construir una sociedad con menos desequilibrios. Durante nuestras investigaciones sobre el movimiento obrero de signo socialista en la historia de España no hemos dejado de observar que, a pesar de sus probados intentos por mejorar la condición de la mujer trabajadora, y su innegable contribución en los procesos de emancipación femenina, existió durante mucho tiempo una cierta ambigüedad, relativa al papel de la mujer en el mundo laboral, aunque mucho menos en el político, por mucho que el revisionismo haya querido contar su particular historia sobre el sufragio. Pero no son estas cuestiones sobre las que queremos reflexionar en este apunte, sino sobre el lenguaje donde también comprobamos que se mantienen esos tics que diferenciaban a las mujeres de los hombres.
Como botón de muestra, nos hemos fijado en la crónica que el diario El Socialista dedicó en su número del 19 de enero de 1925 a un mitin abolicionista que tuvo lugar en ese mes en el madrileño Teatro Eslava, es decir, contra la prostitución. El periódico era, lógicamente, muy avanzado, órgano de los socialistas.
La crónica explicaba como habían sido las intervenciones. El doctor Pérez-Grande habría demostrado la ineficacia profiláctica de los reglamentos, mientras que el doctor Pérez Urria abogó sobre la importancia de la educación sexual llevada a cabo por las madres.
Después intervino Aurora Riaño, una de las impulsoras de la Sociedad Española de Abolicionismo, explicando la causa que “atraía a las mujeres por ir contra la actual injusta diferencia del hombre y la mujer ante la ley”.
Le siguió el turno a Pilar Herrera, y aquí ya observamos el ejemplo de lo que queríamos explicar en este trabajo, ya que era calificada, como la “bella y entusiasta abolicionista”, es decir, si por un lado se valoraba su compromiso contra la prostitución, y, además, antes en el caso de Riaño se incidía en el asunto de la desigualdad legal entre el hombre y la mujer, por otro, se calificaba a Herrera como bella, seguramente porque era una mujer joven. En aquella época no parecía que ese calificativo pudiera generar malestar, pero es evidente que marca una diferencia a la hora de poner atributos a una persona en función de su sexo y edad también.
La crónica seguía aludiendo a la intervención de Herrera que versó sobre las ventajas que podría reportar una ley contra el “parasitismo social”. Su intervención era calificada al final con el comentario de que había dado a “sus palabras un simpático tono de ingenuidad juvenil”.
En el mitin también hubo una parte artística con recitado de versos por parte de Baena, una lectura de la obra “Beatriz Galindo”.
Por su parte, la actriz Josefina Díaz de Artigas leyó unas cuartillas, que fueron calificadas de “bellas” analizando como el abolicionismo era una cuestión de sensibilidad, y cómo siendo las actrices dueñas de “un gran caudal de ella” su participación en la campaña puede ser decisiva”.
Terminó hablando el doctor Juarros, presidente de la Sociedad, sobre las “tragedias del burdel”, para probar como ante ellas “la piedad y la ternura son un deber”.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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