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Sobre los agregados obreros diplomáticos mexicanos en los años veinte


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

El presidente Plutarco Elías Calles, que presidió México entre 1924 y 1928, y fue un intenso reformador, puso en marcha la figura del agregado obrero en las embajadas y legaciones mexicanas, dependiente de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y cuya misión consistiría, según el escritor, profesor y político republicano español Luis de Zulueta, que llegaría a ser ministro de Estado entre 1931 y 1933, en estudiar los problemas sociales y en informar al Gobierno mexicano acerca de la evolución de los trabajadores y de las cuestiones de trabajo en el mundo. Zulueta informaba, además, que se había nombrado a un agregado obrero en la embajada en Washington. Precisamente, dedicamos un artículo a la idea de los diplomáticos obreros según la visión del intelectual español.

En esta nueva pieza queremos aportar la visión de uno de esos diplomáticos obreros mexicanos, Carlos L. Gracidas, que fue agregado obrero en la Legación de México en la Argentina, y que hizo unas declaraciones al periódico socialista La Vanguardia, y que luego recogió El Socialista. Estamos en 1925.

Gracidas explicaba al diario argentino que, realmente, la iniciativa de los agregados obreros había partido de la Confederación Regional Obrera Mexicana, que pidió al Gobierno el envío de estos representantes a las embajadas principales. El presidente Calles se habría limitado a cumplir esta petición.

Sobre las funciones de los mismos, el agregado mexicano explicaba que era proteger a los obreros mexicanos, estudiar las condiciones sociales y políticas de distintos países, ver como se hicieron y se cumplían las leyes obreras, estudiar su economía, y sobre todo, ser el medio de relación entre los obreros mexicanos y los demás trabajadores del mundo. México quería que se supiera que prescribía toda injerencia de Gobiernos extraños en su política interna, y que su ideal era establecer una estrecha solidaridad con todos los pueblos. Por eso se mantenían relaciones con la Federación Americana del Trabajo, y con el propio pueblo trabajador norteamericano, que muchas veces había ayudado al pueblo trabajador mexicano.

Se habían mandado agregados obreros a Estados Unidos, Argentina, Francia, Alemania y Rusia, y se enviarían pronto a Centroamérica, Inglaterra, Italia, Checoslovaquia y China.

Los agregados obreros no se elegían como el resto de puestos diplomáticos. Los sindicatos proponían candidatos y el Gobierno entendía de los nombramientos. El propio Gracidas explicaba al diario socialista argentino que había sido elegido por sus compañeros, y el Gobierno le había sacado de su taller donde trabajaba de tipógrafo para mandarle a Argentina.

Hemos trabajado con el número 5184 de El Socialista. Sobre el artículo de Luis de Zulueta podemos acudir a la hemeroteca de El Obrero.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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