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Las marcas y cuando sumar es restar


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El cambio de una marca supone riesgos que pueden inducir al desconcierto en los simpatizantes de una fuerza política. Por tanto, si se hace el esfuerzo de concebir la desorientación que se produce cuando a un movimiento se le cambia de nombre sin razón explícita, entonces estamos ante una operación de dudosa intención o ante altas cotas de torpeza. Porque estar en un error podría ser asumible. En cambio, el ser inoportuno en la acción es la antesala de la debacle.

Desde la traición de Iñigo Errejón y sus huestes, que derivó en la entrega a la derecha extrema de todo Madrid, Podemos debió afrontar operaciones disparatadas desde la Valencia de Compromis, hasta la actuación de Teresa Rodríguez en Andalucía. Para algunos, confrontación insensata de egos. Para otros, la clara demostración de no estar a la altura de las exigencias del cambio político.

Se está insinuando de manera cada vez más intensa que Yolanda Díaz se ha subido al carro del personalismo para llevar a la izquierda, de victoria en victoria, hasta la derrota final. Y, esta afirmación, tiene sus antecedentes.

Los votantes en Galicia prefirieron al BNG.  El 12 de julio de 2020 Unidas Podemos se queda fuera del Parlamento gallego, donde eran segunda fuerza. En cambio, el BNG pasa de seis diputados a 19, lo que la convierte en la segunda opción de los gallegos. Por su parte, la Coalición Galicia en Común, formada por Podemos, IU y Anova, se queda fuera del Parlamento Gallego. A la heredera de En Marea, que acudió bajo la marca Marea Galeguista, formada por Partido Galeguista y Compromiso Galeguista. Tampoco le resultó rentable. No obtuvo ningún diputado.

Deberíamos entender lo que ocurrió para que Podemos, de segunda fuerza se quedase fuera de la representación en Galicia. En las anteriores autonómicas, las de 2016, las primeras de este tipo en las que concurrieron Podemos y sus socios, irrumpieron en el mapa político gallego con la marca En Marea como segunda fuerza, tras el PP, al lograr 14 escaños y un apoyo del 19% del electorado. Esto supuso 273.523 votos.

En las generales de 2019 se han quedado fuera, sin ningún diputado, y han logrado unos 50.500, el 3,9% es decir, tres actas menos. Lo que define que el respaldo anterior que venían teniendo ante el impulso de Podemos se diluyo. Las viejas agrupaciones se vistieron de Podemos. Pronto, estos protagonistas, fueron descubiertos por los electores. Esta debacle tiene nombres y apellidos. También errores.

Porque en esa confusión de marcas, en 2019, Anova renunció a sumarse a la coalición en las elecciones generales. Por esos errores tácticos, los militantes del entorno de Ezquerda Unida y otros irrelevantes partidos políticos de Galicia, ocuparon el espacio político que el impulso de Podemos trajo a la política nacional. Cuando el electorado gallego se percató de la operación, antiguos operadores con disfraces nuevos, se produjo la debacle.

De todo ello, en 2019, la coalición Unidas Podemos en Galicia ha perdido en los últimos comicios al Congreso más de 220.000 votos, es decir más de la mitad de los que obtuvo en los de 2015. De cinco actas de diputado se redujo a dos. Una de ellas correspondió a Yolanda Díaz. La otra a Antón Gómez Reino. A la candidata pontevedresa de pasado errejonista, actual secretaria de Estado con Irene Montero, Angela Rodriguez Martinez “Pam”, los votantes le dijeron que no tenía su confianza. Estos dos últimos están promoviendo que Podemos se integre, diluya, en el Sumar de la ministra de Trabajo. Extrañas lealtades.

Tenemos que, Yolanda Díaz, nacida en Fene, A Coruña en 1970, llevó a cabo su carrera profesional, política y sindical de la mano de Izquierda Unida y CCOO en Ferrol. En Ferrol, durante más de nueve años, fue concejala hasta que en 2012 obtuvo un acta de diputada en el Parlamento de Galicia con Alianza Galega de Esquerdas (AGE), que coaligó a Esquerda Unida con la Anova de Beiras. Así llega a ser diputada en el Congreso desde 2016, cuando se presentó en las listas de En Marea en la alianza que sumó IU a Podemos, las mareas, Anova y otras organizaciones.

Sin desmerecer sus cualidades como profesional del derecho laboral, la trayectoria de Díaz que mencionamos más arriba no da muchos indicios de la habilidad política suficiente para lograr mejorar el capital político que ha acumulado Podemos. Se puede concluir que, el electorado de izquierdas, no soportaría otra operación que está respaldada por los principales operadores mediáticos del statu quo que intentaron destruir desde Errejón y las cloacas, por medios legales o no, a Podemos y a sus principales líderes. En buena medida idealistas que sobrevaloraron el significado de la lealtad.

Estamos en la demostración una vez más que sumar es restar.

 

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.

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