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Reflexiones acerca del comportamiento político (II): Las Narrativas de reemplazo


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Llegados aquí, comprender la resistencia al cambio del comportamiento político trae de cabeza a mucha gente a pie de calle. A mucha discusión en el seno de familias y amigos. Inclusive a las encuestadoras. Pero toda conducta tiene su explicación.

Cuál sería el límite de ruptura de la coherencia de la identidad en la que se habita. En la perseverancia del apoyo a candidatos, que perjudican al individuo y a su entorno personal más cercano. En este caso, la cuestión del límite de ruptura para modificar una conducta es esencial. Pregunta importante, porque si no hay límite, el sistema es totalitario cognitivamente. No sería posible el cambio. Para el sujeto lo que la evidencia sugiere es que el límite no es racional, es visceral y personal. Esa coherencia identitaria se “rompe”, entonces, cuando el perjuicio es inmediato, corporal e innegable. No abstracto ni estadístico como quieren atribuir algunos grandes manipuladores de los comportamientos electorales, por ejemplo.

Esto se da, cuando toca a alguien parte específica del grupo, no a "los otros". Los perjudicados son “los nuestros”. Esos son los casos en los que la narrativa de escape disponible, que el líder o el sistema pueda ofrecer, no resulta ya convincentes. El hambre concreta de “los míos”, “rompe” más que la pobreza general. La muerte del hijo rompe más que la mortalidad infantil elevada. A las personas a nivel de la calle, les importa mucho más la microeconomía que la macro.

Revisemos las narrativas de escape. Sus límites se desplazan constantemente porque los sistemas políticos con bases leales son muy eficientes generando explicaciones de reemplazo. Por ejemplo, El enemigo externo que saboteó. El traidor interno que filtró. El sacrificio necesario y temporal. La comparación con algo peor que podría haber ocurrido. Cada narrativa de escape recalibra el umbral hacia arriba. El límite no es fijo, es negociado continuamente. La comunicación política es experta en formular justificaciones.

Aquí debemos considerar cuándo colapsa de verdad. Los casos históricos sugieren que la ruptura masiva ocurre cuando se acumulan tres condiciones simultáneamente. Uno, si el perjuicio es irrefutable y compartido colectivamente. Otra, cuando la narrativa de escape se agota o se vuelve ridícula. La tercera, si existe una identidad alternativa disponible a la cual migrar sin quedar en el vacío. Este último punto es crítico y frecuentemente ignorado. La gente no abandona una identidad hacia la nada. Necesita otro grupo que la reciba. Otra narrativa que la contenga.

El caso más revelador dentro de los episodios de la historia. quizás el experimento más documentado, fue cuando la Alemania nazi luego de Stalingrado se comenzó a ponderar, por parte de los habitantes de Alemania, que el perjuicio era masivo e innegable desde 1943. Pero el colapso del apoyo genuino no fue lineal sino abrupto y tardío, concentrado en los últimos meses. Lo que mantuvo la coherencia no fue la creencia, sino la ausencia de identidad alternativa y el terror a quedar expuesto el ciudadano corriente como alguien que había creído.

Eso revela algo perturbador. Cerca del límite, el mecanismo ya no es cognitivo sino existencial. No se trata de qué creo, sino de quién soy si dejo de creer. Por tanto, el límite de ruptura no lo define el grado de perjuicio objetivo, sino la disponibilidad de una salida identitaria digna. Lo que significa que quien quiera producir ese quiebre no necesita demostrar el daño, que generalmente ya es visible. Necesita construir el puente hacia otra identidad que no humille al que cruza el límite del “rompimiento”. La creación de alternativas parece una práctica extraña en nuestra realidad. Esto debería ser así en política. Aunque el 15M fue una disrupción eficiente como alternativa, las fuerzas puestas en movimiento en su contra fueron colosales.

De todos modos, existe un caso del cambio del límite de “rotura” que podría ser inaceptable para el individuo. Es el caso de los colectivos religiosos. Tema que reservo para la última entrega de éstas reflexiones. Lo que explicaría los comportamientos políticos recalcitrantes.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.

 

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