EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

La montaña que se convirtió en río: la gran riada de Nepal


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

A las 8:37 de la mañana del miércoles, los sismógrafos registraron una sacudida en la frontera entre Nepal y el Tíbet. La primera explicación parecía lógica: un terremoto. El Servicio Geológico deEstados Unidos llegó a catalogar el fenómeno como un seísmo de magnitud 4,4. En una región donde la India lleva millones de años empujando contra Asia y levantando el Himalaya, que la tierra tiemble no constituye precisamente una extravagancia geológica.

Pero esta vez no había temblado la corteza terrestre. Había caído una montaña. Las imágenes obtenidas por satélite mostraron después que una enorme sección de un glaciar, de unos 600 metros deanchura y aproximadamente 0,2 kilómetros cuadrados de superficie, se habíadesprendido a unos 5 200 metros de altitud. La masa de hielo y roca cayó casi 1 200 metros hasta el fondo del valle. Para hacerse una idea, equivale a dejar caer una parte considerable de la montaña desde una altura casi cuatro veces mayor que la torre Eiffel.

El impacto fue tan violento que produjo una señal sísmica equivalente a la de un terremoto de magnitud 5,2. No era la tierra la que había puesto en movimiento la montaña: era la montaña en movimiento la que había hecho temblar la tierra. Los sensores registraron primero el descenso repentino de una masa gigantesca y, poco después, la señal correspondiente a una inundación. La secuencia permitió a los geólogos reconstruir el comienzo de la catástrofe casi como si dispusieran de la grabación sonora de un crimen.

Daniel Shugar, geomorfólogo de la Universidad de Calgary y uno de los primeros científicos que examinó lasimágenes, describió el lugar del impacto como un paisaje sobre el que hubiera estallado una bomba. La comparación no parece exagerada. Durante la caída, la energía potencial acumulada por millones de toneladas de hielo y roca se transformó en velocidad, calor, fracturación y presión. El hielo se pulverizó, las rocas se hicieron añicos y toda aquella masa incorporó agua, barro y sedimentos hasta convertirse en una corriente extraordinariamente móvil.

Todavía no se conoce con precisión toda la cadena de acontecimientos. Los científicos saben que se produjo un derrumbe glaciar de dimensiones excepcionales, pero la cantidad de agua que apareció en el valle obliga a considerar otros procesos. Es posible que la avalancha fundiera parte del hielo por fricción y por la enorme energía del impacto; también pudo incorporar agua almacenada bajo el glaciar o represar temporalmente el río Lhende Khola, un afluente del Bhote Koshi. Al romperse aquel tapón improvisado, el agua acumulada habría sido liberada de golpe. Probablemente no hubo una sola causa, sino una sucesión de ellas, cada una empeorando la anterior.

Eso es lo que convierte estas catástrofes en fenómenos especialmente difíciles de prever. Una avalancha puede transformarse en deslizamiento; el deslizamiento, en presa; la presa, en embalse, y el embalse, al romperse, en una ola de agua, lodo, bloques de hielo y rocas. Cuando la corriente llega a las poblaciones situadas aguas abajo ya no se parece a un río desbordado, sino a una pared en movimiento.

Además, no estaba lloviendo. Las riadas ordinarias suelen venir precedidas por cielos negros, lluvias torrenciales y un río que comienza a crecer. En este caso, las poblaciones del valle no recibieron ninguna de esas advertencias naturales. El desastre descendió desde las alturas bajo un cielo que no anunciaba nada extraordinario.

En apenas media hora, el nivel del sistema fluvial del Trishuli aumentó hasta nueve metros. La corriente atravesó Timure y Rasuwagadhi, arrasó viviendas, carreteras, instalaciones públicas, centrales hidroeléctricas y al menos diecinueve puentes. Los primeros balances hablaron de al menos 165 muertos y cientos de desaparecidos, unas cifras todavía provisionales que probablemente cambiarán a medida que avancen las labores de búsqueda. En los valles estrechos del Himalaya, donde las poblaciones, los caminos y las infraestructuras se concentran inevitablemente junto a los ríos, una crecida repentina apenas deja lugares hacia los que escapar.

El desastre ha llamado también la atención sobre otro peligro relacionado con los glaciares, aunque los investigadores no atribuyen esta riada concreta a la rotura de un lago glaciar. Cuando un glaciar retrocede, el agua de fusión puede acumularse en las depresiones dejadas por el hielo. En muchos casos queda retenida por una morrena, es decir, una mezcla de piedras, arena, barro y hielo transportada y abandonada por el propio glaciar.

Una morrena puede parecer una presa, pero no ha sido construida por ingenieros, no posee aliviaderos y nadie ha calculado cuánta presión puede soportar. Es, en esencia, un enorme montón de materiales sueltos que ha tenido la amabilidad de contener un lago hasta que deja de hacerlo. Si aumenta demasiado el nivel del agua, se funde el hielo oculto en su interior o cae sobre el lago una avalancha de rocas, nieve o hielo, la ola resultante puede desbordarla y abrir una brecha.

La liberación repentina recibe el nombre de glacial lake outburst flood, abreviado GLOF, algo así como «inundación por desbordamiento de un lago glaciar». El nombre es bastante menos aterrador que el fenómeno. Millones de metros cúbicos de agua pueden precipitarse por un valle, incorporar sedimentos y bloques y recorrer decenas o incluso cientos de kilómetros. La avalancha inicial dura quizá unos minutos, pero sus consecuencias se propagan mucho más allá de la montaña en la que comenzó.

Un inventario elaborado por el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas —ICIMOD— y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ha identificado 47 lagosglaciares potencialmente peligrosos en las cuencas de los ríos Koshi, Gandaki y Karnali. Cuarenta y dos se concentran en la cuenca del Koshi, tres en la del Gandaki y dos en la del Karnali. La clasificación tiene en cuenta el tamaño y crecimiento del lago, la actividad del glaciar que lo alimenta, la estabilidad de la morrena y la posibilidad de que caigan sobre él avalanchas procedentes de las laderas.

El problema no es solo geológico. También es político. De los 47 lagos, únicamente 21 se encuentran dentro deNepal. Otros 25 están en la Región Autónoma del Tíbet, bajo administraciónchina, y uno en India. En otras palabras, más de la mitad de las amenazas que pueden descender hacia territorio nepalí nacen fuera de sus fronteras.

El agua, que tiene escaso respeto por la soberanía nacional, puede atravesar la frontera antes de que una alerta haya recorrido los correspondientes ministerios. Una rotura producida en una cabecera tibetana puede enviar una crecida hacia aldeas, carreteras, pasos fronterizos y centrales hidroeléctricas de Nepal, cuyo Gobierno no puede instalar por sí solo sensores, reducir el nivel de los lagos ni inspeccionar las morrenas situadas en territorio chino.

Las autoridades nepalíes y el PNUD hanseñalado cuatro lagos —Thulagi, Lower Barun, Lumding Tsho y Hongu 2— como objetivos prioritarios. Las posibles intervenciones incluyen excavar canales de desagüe, rebajar artificialmente el nivel del agua e instalar sistemas de vigilancia y alerta temprana. Nepal ya ha realizado trabajos semejantes en Tsho Rolpa e Imja Tsho. Pero para vigilar los lagos situados al otro lado de la frontera necesita algo que ninguna excavadora puede proporcionar: cooperación internacional, intercambio de datos y comunicaciones capaces de adelantarse a la riada.

La relación entre este derrumbe concreto y el cambio climático todavía no puede establecerse de manera concluyente. Los colapsos glaciares gigantes son fenómenos poco frecuentes y existen muy pocos casos bien documentados. Sin embargo, el contexto general resulta difícil de ignorar. El Himalaya se calienta aproximadamente el doble de rápido que el promedio mundial, sus glaciares retroceden y el permafrost de las montañas se degrada. Ese suelo permanentemente helado actúa como un cemento que mantiene unidas rocas, hielo y laderas muy empinadas. Cuando se descongela, la montaña pierde parte de su pegamento.

La riada de Nepal deja así una lección inquietante. En el Himalaya no hace falta que llueva, que se rompa un lago ni que se produzca un terremoto. Basta con que una masa de hielo y roca, almacenada durante décadas a cinco kilómetros de altitud, deje de estar donde estaba. La gravedad se encarga de todo lo demás.

 

Catedrático de Universidad de Biología Vegetal de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid.

En la Universidad de Alcalá ha sido Secretario General, Secretario del Consejo Social, Vicerrector de Investigación y Director del Departamento de Biología Vegetal.

Actualmente es Director del Real Jardín Botánico de la Universidad de Alcalá. Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

En el PSOE federal es actualmente miembro del Consejo Asesor para la Transición Ecológica de la Economía y responsable del Grupo de Biodiversidad.

En relación con la energía, sus libros más conocidos son El fracking ¡vaya timo! y Fracking, el espectro que sobrevuela Europa. En relación con las ciudades, Tratado de Ecología Urbana.

 

Hacemos el periodismo que la sociedad necesita
¡Tú lo haces posible!

 

El periodismo verdaderamente independiente no responde a intereses corporativos ni políticos; responde únicamente a sus lectores. Para seguir investigando, destapando realidades incómodas y garantizando una información rigurosa, libre de censura y con firmes valores sociales, necesitamos tu apoyo.

Cada aportación económica es el escudo que protege nuestra libertad y la garantía de que las historias que importan sigan saliendo a la luz. Apoya hoy nuestro proyecto y defiende un periodismo libre.

 

*Si deseas hacer una donación a EL OBRERO a través de tarjeta de crédito (o cuenta bancaria asociada a Paypal), desde cualquier país del mundo, puedes hacerlo con el sistema de pago seguro PAYPAL, en el enlace "¡Apóyanos y dona!". Es muy sencillo operar con PAYPAL, y totalmente seguro. Paypal no comparte tus datos de cuenta o tarjeta con terceros, ni con EL OBRERO. En el último paso, Paypal te generará un recibo del pago efectuado. Muchas gracias por tu apoyo. Para cualquier duda, escríbenos a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..