Waterloo y la disrupción histórica
Puigdemont ha elegido un viernes, final laboral de la semana por lo general, para manifestar que se ha acabado el ambiente político que sostenía el entendimiento entre su formación, Junts per Catalunya, y el PSOE, que fue en su día, hace un verano, una alianza capaz de producir grandes disgustos en el Partido Popular, que se había encaprichado hasta la formación de una seguridad con la idea de gobernar España, con o sin las ayudas hipotecarias de Vox, fuerza entonces al albur de la proyección de su escasa sombra en Europa y ahora en la parte central del área de influencia de la administración Trump hasta el punto que Santiago Abascal ha sido invitado a la ceremonia de exaltación presidencial, lamentablemente sin la ayuda traductora de Iván Espinosa de los Monteros, ahora alejado del genio estratega del hombre de Amurrio.
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