Indecencia política
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Opinión
Creo que si hay tres conceptos que resumen lo que la mayoría de la gente entiende por decencia son respeto, coherencia y dignidad. Vivimos en una sociedad en la que está de moda atacar, desprestigiar, degollar y vituperar a los políticos, lo que de forma generalista no deja de ser además de injusto una indecencia en el más amplio y profundo sentido de la palabra.
Jamás me han gustado las cosas fáciles, de ahí que una vez más y aunque resulte incomprendido e incluso criticado, me van a permitir que siga defendiendo la POLÍTICA con mayúsculas, como vehículo de solución de nuestros problemas y a los políticos y políticas en su papel de servidores públicos comprometidos.
Opino que el silencio no es neutral y me parecería un acto de cobardía el permanecer callado ante esta situación, porque no debe haber silencio en nuestras palabras o en nuestras escuchas, silencio objetivo o subjetivo y un gran ruido cómplice en nuestros mutismos, aunque admiremos el silencio en la música y en nuestro lenguaje, ese que proporciona ritmo y medida, son y compás.
De la misma manera que un grano no hace granero, una oveja no define el rebaño, ni una voz el coro, un grupo de golfos y corruptos no descalifica a la inmensa mayoría de la gente honrada y comprometida que se dedica a echarle horas al servicio de los demás.
Lo que no podemos es permanecer quietos, silenciosos y callados ante la injusticia y la desigualdad. Así en el último informe de OXFAM Internacional, demuestra que la pandemia ha incrementado notablemente la desigualdad en todos los países del mundo al mismo tiempo.
Las diez mayores fortunas del mundo han duplicado su capital, mientras que el 99% de la población viven peor que antes de la pandemia y cientos de millones de personas se han visto arrastradas a la pobreza. No podemos cerrar nuestras bocas y no expresar lo que pensamos e intentar bailar a todas las bandas para quedar bien sin denunciar, alzando nuestras voces y llenando el espacio público con nuestros gritos rebeldes y disconformes , con nuestras protestas para no perder nuestra dignidad.
El silencio no es neutral, no se puede mirar para otro lado o tapar la nariz ante la corrupción, no podemos permanecer impasibles ante la tortura, no hay argumentos para justificar el asesinato de personas, por muy justas que quieran vendernos que sean las causas y las guerras, no debemos bendecir una indecencia política.
A quien razonable y decente le pueden pedir que enmudezca y no diga, ¡Ya está bien! ¡Ustedes son unos chorizos! . Claro está que fuera de la política la solución da miedo porque nos movemos entre el autoritarismo y el populismo. Los partidos políticos han de cambiar profundamente en su funcionamiento y situarse por delante de los acontecimientos en lugar de ser refugio de gente dispuesta a conservar sus privilegios o buscarse la vida.
Pero frente a los pillos que son maestros del despiporre, el despilfarro y la manipulación, y que son los actores de como en muchas ocasiones se invierte mal el dinero público que es lo mismo, que los recursos de todos y todas, la inmensa mayoría merecen nuestro reconocimiento y admiración como militantes de sus partidos políticos que están dispuestos en los momentos más difíciles y complicados a defender sus ideas y trabajar por el bienestar de sus vecinos.
A aquellas mujeres y hombres que abren las sedes de sus partidos, asisten a los actos, organizan y participan en actividades, dan ánimo y calor a las compañeras y compañeros que ostentan alguna responsabilidad o los critican porque consideran que sus actuaciones no son las adecuadas a sus principios y programas.
Me quito el sombrero ante aquellos que abnegada, disciplinada y combativamente mantienen la defensa de los intereses generales por encima de los particulares , los que hacen las cosas porque las sienten, y porque creen y están convencidos que es lo mejor para todos.
Aquellos que no están todo el día pensando en hacer todo tipo de manipulaciones y manejos, los que ofrecen sus manos tendidas sin pedir nada a cambio y actúan como personas decentes y no como maquinas, sin tripas ni corazón, que son capaces de negar lo evidente por escandaloso y vergonzoso que sea.
Vivimos en un mundo del abuso que estimula la indecencia, de ahí la importancia que adquiere que la necesaria presentación de ideas, vaya unida a un profundo cambio de los comportamientos. Es absolutamente inadmisible que existan en pleno sigo XXI, y en un País como el nuestro, miembro de la Unión Europea, actitudes machistas y que todavía asistamos con demasiada frecuencia a casos de terrorismo doméstico, víctimas de violencia de género que continúan encontrándose indefensas.
Más que nunca hemos de luchar todos y todas porque como ocurre en la actualidad, con este Gobierno progresista de coalición, PSOE y UNIDAS PODEMOS estén al frente del Estado políticos decentes y ese debe ser nuestro objetivo en los distintos procesos electorales, que en sus intenciones de mejorar la sociedad se correspondan con sus decisiones, en que sus convicciones les permitan estar abiertos a nuevas posiciones pero no los conviertan en desleales según sus conveniencias, que asumir responsabilidades no les transforme en impunes y defensores de sus errores.
Una forma de ser cautivo de la falta de coherencia política, es la estrategia de la que no se apea el PP, en una especie de generar una polarización y crispación que nos perjudica y empobrece a todos, con esa campaña en Europa contra la gestión del reparto de los fondos. Menos mal que a pesar de sus esfuerzos, nadie les cree, y es un caso único en la Unión Europea, en un ejemplo de antipatriotismo.
Hay por parte de la derecha española una permanente confusión entre lo público y lo privado, y las cosas son buenas si les benefician aunque perjudique a la mayoría y son malas, si a ellos y a sus amigos no les viene bien. De todas maneras entre el choriceo, el chismorreo, las chapuzas y las fullerías, hemos convertido a un líder anodino como Pablo Casado, a sus cuarenta años, del hombre que susurraba a los caballos, película protagonizada por Robert Redford en 1998 al que se retrataba y hablaba con las vacas en 2022.