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La socialización de las cosas como problema del socialismo: reflexionando con Fernando de los Ríos


La conferencia que impartió Fernando de los Ríos a finales de julio de 1921 en el Teatro de los Campos Elíseos en Bilbao sobre el sentido histórico del socialismo nos ofrece un conjunto de sugerencias para la sección de opinión de este periódico. Cien años después comprobamos la vigencia de muchos planteamientos.

Por ello, queremos iniciar una serie de artículos que nos permita reflexionar sobre el magisterio del gran humanista socialista acerca del socialismo y sus problemas. En este primeros veremos la definición de esos problemas, y que girarían en relación con la socialización de las cosas.

Para el insigne intelectual socialista español el socialismo tenía un ascendiente, un origen, y que no era otro que el del sentimiento de justicia, el camino por el que se llegaría a la consagración del respeto a la vida de las personas, la liberación de la esclavitud, después al reconocimiento de la conciencia, la libertad de creencias y, por fin, al llamamiento para que todos puedan colaborar en la formación de la ley, es decir, en el gobierno. Fernando de los Ríos estaba haciendo una interpretación de la Historia desde los griegos hasta el triunfo de la idea de que el gobierno debía partir del concurso de todos, y que se produciría en los procesos revolucionarios liberales.

El sentimiento de justicia habría estado madurando en la Historia por la conjugación de dos fuerzas: la de las masas y las de las minorías intelectuales. De los Ríos insistía mucho en esta última parte, seguramente porque el pertenecía al segundo grupo, y ponía los ejemplos de Ruskin y William Morris, que se pusieron a defender los intereses de otra clase, no los de la suya. También estarían, en este ámbito, personajes de la importancia de Tolstoi y Kropotkin. No lo dice él, pero los decimos nosotros: y Fernando de los Ríos en España, así como otros, como Besteiro o Núñez de Arenas, por poner algunos ejemplos.

Pues bien, si nos fijamos y como hemos expresado más arriba, Fernando de los Ríos llegaba hasta el estadio histórico de la constatación de la colaboración de todos en la formación de la ley a la hora de hablar de la evolución del sentimiento de justicia. Pero había otro paso más, el que tomó fuerza a partir de 1848, cuando se constató que había que resolver un problema fundamental para el triunfo del ideal de justicia, una vez alcanzados los otros.

En resumen, insistimos, se había conseguido socializar el respeto de la conciencia, la libertad de conciencias y se había socializado el derecho, es decir, había triunfado el ideal de que todos debían colaborar en el gobierno, pero cuando se llegaba a las cosas, es decir, a lo material, a la economía la socialización se detenía, y esa era la situación desde el 48.

Y este era el problema principal del socialismo, el de la socialización de las cosas para seguir la “marcha de la humanización de las cosas”.

Pero el problema del socialismo tenía también que ver con el respeto de todos los matices e ideas de la civilización porque era su heredero y debía erigirse como depositario. El problema tenía que ver, por fin, con el hecho de que el socialismo debía recoger ideas y proyectos para destruir a quienes deseaban anteponer el provecho personal al general.

¿Y esto cómo se hacía? Lo veremos próximamente, de la mano, efectivamente, de Fernando de los Ríos.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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