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Criptomonedas


No hay foro de jóvenes en el que no aparezca el tema del Bitcoin u otras monedas virtuales como camino para enriquecerse de manera rápida y fácil. Quien más quien menos ha puesto algún dinero y los más osados ​​han convencido a padres o abuelos, que no entienden de que carajo hablan, que compren con sus ahorros ya que se ve que esto de la tecnología blockchain resulta la versión moderna y segura de lo que a nivel evangélico era la multiplicación de los panes y los peces.

Más que grandes cantidades, se suelen hacer pequeñas o medianas aportaciones para no quedarse fuera de lo que creen tan buen negocio. Una vez más, se obvia la noción de riesgo, y aquí es altísimo. Para hacer la compra, se recurre a empresas intermediarias que cobran una cantidad desmesurada por hacerlo. Estas sí que hacen un muy buen negocio. Cuentan con la credulidad de chicos, que se han agenciado cuatro informaciones insuficientes sobre el tema y, en general, buenas dosis de ignorancia, empujados a "hacer negocios" que no son más que posiciones especulativas sin posibilidad de sostenibilidad a medio o largo plazo.

El problema, es que se ha generado una auténtica adicción fundamentada en una fe inducida y en una pulsión ludópata que sólo puede terminar entre mal y muy mal. Sorprende ver como la forma de expansión de estas "inversiones" se hace en forma de mancha de aceite utilizando el sistema de comercialización triangular que ya se ha usado en muchos productos -siempre milagrosos- físicos. Captación de clientes convertidos en agentes comerciales para pagar su aportación y hacer crecer el negocio. Siempre motivados por primitivos sistemas doctrinarios, encuentros de activación y gurús de referencia.

Se les convence de que ellos han entrado a participar en un grupo selecto, en una comunidad, que poseen un conocimiento que está vetado al conjunto de los mortales. Espíritu y comportamiento de secta. A partir de aquí objetivos comerciales ambiciosos a alcanzar, en que lo mercantil y lo doctrinario terminan por confundirse. Adicción, sometimiento, obnubilación de la razón y dependencia económica. No es necesario que se preocupen con las pérdidas y deudas de hoy. Para los gurús que pululan en este mundo, esto sólo es el preludio del enriquecimiento y el triunfo del mañana. En la escenografía que se organiza para captar y mantener los incautos no hay lugar para el fracaso.

Y es que, digámoslo claro, todo lo que se mueve en torno a las criptomonedas es una gran estafa. La definición de "cripto" ya debería provocar sospechas. Contrariamente a lo que se dice, no son "monedas" alternativas porqué no son depositarias de valor alguno y no hay ninguna institución ni nadie que las avale, que pueda responder por ellas. Ningún Fondo de Garantía de Depósito.

Son un engaño piramidal, un esquema Ponzi, en el que el valor del activo aumenta sólo en la medida en que se capte nueva gente que adquiera y, cuando esto no se produce, carrera para intentar vender y rápido desmoronamiento y quiebra. Que algunos gurús de Silicon Valley como Elon Musk hayan hecho alguna compra de bitcoins los ha estimulado al alza, pero automáticamente los ha devaluado cuando ha salido. Como sistema de pago alternativo sólo se puede utilizar en ámbitos muy marginales.

En cualquier caso, al igual que sucede con las dinámicas bursátiles, cuando los pequeños inversores sienten que tienen que vender los expertos ya hacen tiempo que lo han hecho. Para estos últimos sólo quedan las pérdidas. Sobre el carácter no confiable de las criptomonedas han escrito prestigiosos economistas como Paul Krugman o Joseph Stiglitz, este último aparte de premio Nobel de Economía fue durante años economista jefe del Banco Mundial.

Este último se ha pronunciado sobre el carácter no confiable de monedas que no contienen ningún valor más allá de ser convertidos en un activo especulativo detrás del cual no hay nadie, si acaso intermediarios que juegan con las ganas de enriquecimiento fácil y rápido de la gente. Se vende el anonimato de los creadores del Bitcoin de manera positiva, como si fuera el resultado de la teórica cultura colaborativa que se habría impuesto con la red y que resultaría inherente a la tecnología digital.

No habrá teléfono al que llamar para pedir responsabilidades cuando se produzca la debacle ni referencia a la que demandar judicialmente para ajustar cuentas. Todo habrá sucedido en un espacio opaco, inmaterial e imaginario. El único tangible será lo que habremos perdido en dinero real y la indignación y vergüenza que nos provocará haber sido tan inocentes, demasiado codiciosos, poco prudentes y excesivamente crédulos.

Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.

Blog: jburgaya.es

Twitter: @JosepBurgayaR