Pecar por exceso
- Escrito por Josep Burgaya
- Publicado en Opinión
El capitalismo contemporáneo sufre la paradoja de depender de unas tecnologías que aumentan exponencialmente la productividad del trabajo, pero esta mejora de la productividad no repercute ni en los trabajadores ni en la sociedad. Una mayor capacidad productiva genera dosis más grandes de desigualdad y empobrecimiento, un mundo en el que una parte de la población se vuelve prescindible. Una auténtica “economía del absurdo”. Además, cuando la izquierda y la derecha hablan del capitalismo, se refieren a una entidad imaginaria. Los mercados libres competitivos ya no existen, son un mito. Estamos en una economía dominada por los oligopolios y sin que los Estados puedan o quieran hacer gran cosa para evitarlo. Las grandes empresas se han apoderado de los reguladores a través del sistema de puertas giratorias. Es lo que se conoce como “captura regulatoria”. La regulación acaba desempeñando la función inversa: impide la entrada de nuevos participantes. Es evidente que, cuanto mayor es la concentración, más rentables son las empresas y más bajos los salarios. Décadas de desigualdad en un crecimiento sin precedentes han generado grandes dosis de resentimiento que han abierto la puerta a la airada reacción populista. Los ganadores de la globalización y del predominio extremo del mercado se fueron alejando de los perdedores y establecieron un distanciamiento social creciente, casi de desarraigo.
La democracia ha cambiado mucho en tiempos de hegemonía digital. Que internet y las tecnologías digitales han trastocado nuestra economía y nuestra sociedad está fuera de toda duda. Son cambios radicales, difíciles de digerir en muchos sentidos, con efectos multiplicadores e imparables. Y todo ello se produce y se dispara de manera exponencial sin que haya habido ninguna elección voluntaria y consciente, pese a la enorme trascendencia de los cambios tecnológicos, económicos, políticos, culturales y de valores. No nos han cambiado las condiciones de vida, han modificado la propia noción de lo que es la vida. La libertad ha dejado de tener el sentido que tenía antiguamente y, en un proceso de liquidación del ejercicio del libre albedrío, nos está convirtiendo en seres previsibles y programables. Evidentemente, la revolución digital no es circunstancial, sino que ha venido para quedarse y actuar como un acelerador histórico de consecuencias imprevisibles.
Los dispositivos inteligentes transforman nuestra realidad, la modifican. El acceso inmediato a datos e informaciones acaba provocando un efecto de humanidad aumentada. Las consecuencias psicobiológicas que tienen los cambios en los procesos de memoria y razonamiento que introduce lo digital son enormes. El recurso continuo a la conectividad de agentes externos nos provoca un efecto túnel. Habitamos en una burbuja hecha de algoritmos que responden a la idea que ellos han construido de nosotros. Se nos construye una caja de resonancia en la que nos convertimos en programables y previsibles, donde no existe posibilidad alguna de factor sorpresa. Todo está establecido, facilitado y, sobre todo, sesgado por los algoritmos y para la minería de datos. Nos han convertido en consumidores sumisos e “informados”. Somos víctimas propiciatorias del exceso. No hace muchos años, nos parecía un lujo insuperable el acceso ilimitado a la información y al movimiento; hoy en día, lo que sería una auténtica recompensa sería vernos libres de tanta información y tener la oportunidad de estar quietos. La modificación y dirección del consumo de conocimiento que llevan a cabo las grandes plataformas tecnológicas es comparable a los cambios que produjeron las grandes multinacionales alimentarias en nuestra dieta. También aquí el peligro de una alimentación excesiva y demasiado rica en grasas está provocando problemas de “obesidad informativa”.
Internet genera transformaciones cruciales en forma de desmaterialización, deslocalización y un nuevo tipo de centralización. Hace desaparecer la distinción ancestral entre lo privado y lo público, lo universal y lo íntimo. Como ha escrito el filósofo italiano Maurizio Ferraris, internet es mucho más que una opinión pública: es un nuevo inconsciente colectivo. Lo que resulta difícil de entender es que hayamos aceptado de manera sumisa y alegre someternos a mecanismos tecnológicos y que nos prestemos continuamente a recibir órdenes de aparatos. Se establece una “servidumbre voluntaria”. Nunca la renuncia a la libertad había resultado tan poco costosa. Contrariamente a la llegada del fin del poder que defienden los optimistas digitales, en realidad con internet el poder solo ha cambiado de formas y de manos. Nos llega un mensaje y nos moviliza. El móvil nos pone en marcha, nos induce a la acción. Todo nuestro tiempo conectado es tiempo de trabajo. Tener un smartphone en el bolsillo significa tener el mundo en la mano, pero también estar en manos del mundo.
Josep Burgaya
Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.
Blog: jburgaya.es
Twitter: @JosepBurgayaR