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De las urnas a los tribunales


Donald Trump en una imagen de archivo. Donald Trump en una imagen de archivo.

Se terminaron de contar los votos en los diferentes Estados, en las Elecciones de los EEUU y Joe Biden, porque así lo quiso el pueblo soberano será investido y tomará posesión como nuevo Presidente de la nación más poderosa del mundo el próximo 20 de Enero de 2021.Juramento que por ley y tradición se hace con el Presidente saliente, Donald Trump, y ante un representante del poder judicial, que suele ser el Presidente del Tribunal Supremo.

No vamos a relatar lo que ha sido la campaña ni las curiosidades, anécdotas y paradojas ocurridas hasta el resultado final. Lo cierto que es que toda la maquinaria mediática del mundo entero ha estado pendiente de la campaña entre Biden y Trump, y el contaje de voto a voto, Estado a Estado, minuto a minuto, entre demócratas y republicanos.

Podríamos señalar que el todavía presidente Donald deja un País dividido y herido que con sus dichos y hechos ha desestabilizado el sistema, por lo que la primera gran tarea que Joe es restituir y fortalecer el espíritu democrático entre quienes piensan de manera distinta, pero son ciudadanos y ciudadanas estadounidenses.

Desde un populismo caudillista y un lenguaje incendiario y antidemocrático, que ha procurado situarse por encima y al margen del partido republicano, con mentiras y provocaciones, de las que tuvimos el último ejemplo, en una comparecencia en la Casa Blanca, en la que tres medios importantes tuvieron que cortar la retrasmisión., ante la sarta de mentiras y calumnias del señor Trump. Qué duda cabe que esto tiene sus peligros, porque nos hace preguntarnos ¿Dónde están los límites?

Durante la campaña y el conteo entre la gloria y el abismo, se ha empleado por ambas partes, un lenguaje bélico, desde ese “En pie de Guerra de Donald Trump”, hasta ese “Hemos ganado la guerra” de la Presidenta del Congreso de los EEUU, Nancy Pelosi, demócrata, y la primera mujer que ha ocupado tal responsabilidad en la historia de este País.

Este ambiente de belicismo político ha generado una fractura social, dominada el camino que va del disparate a la desesperación, de la falta de respeto a la grosería. ¿Se superará el peligro de encender la calle a base de conflictos raciales o de diferencias políticas?

Biden tiene por delante recuperar la mesura y el respeto político y la fortaleza y la serenidad que se debe transmitir desde la Casa Blanca. Además tendrá que recomponer las relaciones con organismos internacionales como la OMS y tender una mano a la Unión Europea en su política exterior, para normalizar una relación que siempre fue buena , salvo desde la llegada del señor Trump, que desde su eslogan “América , lo primero, lo convirtió en lo único y contra todos

En esta nueva etapa de su historia, el País más poderoso del mundo sabe de la actitud populista y caudillista de Donald Trump sabe de dónde viene, con el demócrata Joe Biden necesita dejar claro desde el primer momento de su mandato hacia dónde quiere ir. Se lo agradecerán todos sus ciudadanos y ciudadanas, y el mundo entero. No podemos vivir entre la incertidumbre y el disparate de las ocurrencias de un líder supremacista.

Mañana, cuando sea, ese futuro recordaremos como si de una pesadilla se tratara , todas las imágenes pretéritas que nos dejó un personaje , del que no sabemos todavía cuál será su herencia, lo que nos lleva a hacernos una pregunta ¿Habrá trumpismo después de Trump? ¿De qué forma influirá el cambio en EEUU en el resto de los países de la economía libre de MERCADO?

También nos cabe la duda si continuaremos escuchando otras voces herederas de Trump o no habrá trumpismo sin Donald. ¿Se reconciliará el pueblo americano con ellos mismos y con el resto del mundo o continuarán con la resaca de haber pasado una mala noche de cuatro años de duración? ¿Celebraremos la llegada del invierno con lo que ha caracterizado tradicionalmente al partido demócrata en la defensa de los derechos esenciales?

Ni debemos ni podemos caer en la trampa del egoísmo que generan los populismos como el de Trump, las leyes valen si les beneficia, el sistema sirve si ellos ganan, si no se cruzan todas las líneas rojas y se invalida y ensucia la democracia, nos podemos ver envueltos en el lodazal en el que ellos se mueven a gusto.

La vida nos revela, que ante los intolerantes es difícil que nos vaya peor, por tanto hagamos juego limpio, apostemos por la grandeza de las cosas pequeñas, sepamos sonreír ante el fracaso y admitir la inutilidad de las conspiraciones absurdas.

Trump y los suyos han intentado fabricar durante el tiempo, que solo su líder era el auténtico defensor de EEUU, y que poseían el exclusivismo. Ellos solo son los representantes del pueblo. Los otros, véase demócratas, inmigrantes, pobres, extranjeros son enemigos del pueblo. Por tanto en su mentalidad excluyente son unos seres marginales que no tienen derechos y que merecen nuestro mayor desprecio. Esa es la filosofía de Trump , en una política de exclusión sin remisión para todo el que no piensa como él.

Biden tiene un buen trabajo por delante, y es que todos los ciudadanos y ciudadanas de los EEUU pertenecen a un gran País multicultural , pluricultural e intercultural en la que gente muy diversa y diferente se han sentido cómodos. Es algo que deben recuperar con el esfuerzo de todos.

No podemos admitir que la historia del mundo civilizado comienza con el descubrimiento de América por Cristóbal Colón el 12 de Octubre de 1492 o alrededor de 1600 con la llegada del navío Mayflower, ni retrotraernos a las civilizaciones precolombinas o a la Guerra Civil en Estados Unidos.

Trump ha creado un nacionalismo personalista, que ha vinculado a la supuesta identidad nacional, con carácter excluyente que ha intentado normalizar lo peligroso y predicar el aislacionismo político de no mezclarnos con los impuros o el intervencionismo de considerar que nuestra manera de organizarnos es superior a los demás.

El señor Donald, le ha puesto miles de murallas y barreras al crecimiento espontáneo y libre de la sociedad. Este tipo de sujetos desean convertir a los ciudadanos en súbditos y esperan la total sumisión de los creadores de riqueza, intentando convertirlos y muchas veces, parecen que hasta lo logran, en “buscadores de renta”.

Observamos con atención que personajes como Tremp no tienen partidarios, sino clientes, gente que a las que deben o a que les deben cosas. Son millones de estómagos agradecidos que suelen deberles todo al gobernante que les da de comer y acaban por constituir su base de apoyo.

Otro de los grandes peligros de estos populismos, como el trumpismo , es la centralización de todos los poderes. El caudillo, trata de controlarlo todo el ejecutivo, el legislativo y el judicial e ignoran la separación de poderes. Es algo que los demócratas deben recuperar desde el primer momento, además de dejar claro que los funcionarios como servidores públicos están al servicio de la sociedad, y con la obligación de controlar y manipular a los agentes sociales y económicos.

En esta nueva etapa, en la que termina la era Trump, debe fulminarse también el doble lenguaje, en el que las palabras, según convenga, ya que la semántica se transforma en un campo de batalla y adquieren una significación diferente. Por ejemplo, libertad se puede convertir en obediencia, lealtad en sumisión, patria, nación y caudillo se confunden en el mismo vocablo y se denomina “traición” cualquier discrepancia.

Vivimos unos momentos, peligrosos, en los que parece haber desaparecido cualquier vestigio de cordialidad cívica, y se alimenta la utilización de un lenguaje de odio como preludio de la agresión. El enemigo es alguien al que hay que destruir, y antes de aplastarlo hay que eliminarle cualquier vestigio de humanidad.

Y el mayor fracaso de la política, es cuando quien pierde termina recurriendo a los tribunales y cualquier problema finaliza en la puerta de los juzgados. Trump se enroca y está redoblando las acusaciones de fraude conforme se ratifica su derrota. Así solo logramos una cosa certificar, el fracaso de la POLÍTICA. Tal vez haya que recordar las palabras de la escritora, Isabel Allende que ha dicho sentirse “espantada”, cuando 68 millones de personas han votado por Trump, a pesar del desastre de los últimos años, mujeres y latinos incluidos.

A pesar de haberse proclamado claramente Joe Biden, Presidente de los EEUU de América, Donald Trump continúa descalificando y atacando al sistema, afirmando que le han robado las Elecciones y con sus demandas querrá que los tribunales le otorguen lo que no le dieron las urnas, mientras que el ganador demócrata pedía ”trabajar todos juntos y cerrar heridas”, pensar de forma diferente , no nos puede convertir en enemigos, y por primera vez en la historia de este País habrá una mujer Vicepresidenta, Kamala Harris.

El Presidente electo ya ha comenzado a trabajar y a nombrar un comité de expertos `para luchar contra el Covid 19 , a la vez que se anuncia que la vacuna de Pzifer , supone una gran esperanza, hace subir la bolsas y constituye el principio de un alivio en encontrar la solución.

Terminamos, tal y como empezamos, el próximo 20 de enero, Biden jugará el cargo y será investido Presidente de los EEUU. Una buena noticia para el mundo democrático. En estos dos meses esperemos que el señor Trump, facilite una transición de poderes limpia y democrática, lo contrario sería una locura, pero como dice mi admirado Juan José Millás, el todavía Presidente “Es un malo sin matices. Un personaje que hubiera salido de la ficción y se hubiese instalado en la realidad”.