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En Cataluña, ya nada es igual


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Entiendo el desconcierto y la indignación ante los cambios en el Código Penal, relacionados con la sedición y la malversación, pero había que mover ficha, y se ha hecho. Los próximos días y semanas servirán para aclarar algunos pronósticos, hechos, a vuela pluma.

Todo lo relacionado con la justicia hay que tomárselo con mucha calma y con perspectiva histórica. Mirando atrás, muchas decisiones, consideradas erróneas, no lo han sido. En fin, volviendo al tema. Es cierto que los cambios han abierto algunos interrogantes, sobre todo en lo relacionado con la malversación, pero las puntualizaciones hechas, son suficientes como para garantizar que ningún corrupto escape al castigo.

Vuelvo a repetir que hay que esperar un cierto tiempo para ver los resultados concretos. De lo que sí puedo hablar, con conocimiento de causa y sin tener que esperar, es del cambio radical de la situación interna en Cataluña. Se quiera o no aceptar la defunción del procés, por parte de los partidos y entidades independentistas, lo cierto es que ya nada es igual.

Durante diez años, estuvimos inmersos en una especie de burbuja artificial, en la cual todo era del color que imponían los independentistas, con el gobierno catalán al frente. Pueblos y ciudades cubiertos de emblemas, símbolos, banderas, pancartas…y programas de radio, televisión y prensa adicta, dedicados en exclusiva a atacar a España y a todo lo español, y a impulsar acciones y actividades separatistas.

El clima devino irrespirable y fue derivando hacia comportamientos totalmente sectarios, partidistas y anti democráticos. Los que defendíamos la legalidad vigente, éramos considerados traidores a la patria, aislados, vituperados, escarnecidos, y amenazados, hasta el punto de necesitar protección, en algún momento dado.

Monumentos, calles y plazas, carreteras, viaductos, cimas de montañas,….se fueron llenando de mástiles con banderas esteladas, como símbolo de un país ya fuera del Estado. Tal era la obsesión que incluso grandes monumentos, declarados de interés nacional, amanecían cubiertos por estas banderas. Miles, en todo el territorio, y centenares de miles de lazos amarillos, puestos en los lugares más insospechados.

A toda esta simbología se unía la acción de muchos alcaldes, concejales y diputados, proponiendo y aprobando, día sí, día también, mociones y proclamaciones auténticamente fuera de toda lógica constitucional.

Podría seguir, con múltiples otros ejemplos del ahogo que ejercían contra todo lo que viniera de España, y la inestimable ayuda que proporcionó TV3, la televisión catalana, y con ella Cataluña Radio y otros medios de comunicación, convenientemente subvencionados por el gobierno catalán.

¿Cómo estamos ahora? Nada que ver con este pasado. Los lazos han desaparecido o se marchitan, en árboles, barandillas y algunos otros lugares en los que el viento, la lluvia o el frío no han hecho su trabajo, pero quedan ya muy, muy pocos, y no se reponen en ningún lugar. Muchos mástiles ya no tienen bandera, y en muchos otros, quedan jirones de ella. Muchos alcaldes y concejales dejaron el cargo en 2019, y otros lo dejarán en las próximas municipales de mayo.

Quedan rescoldos de las relaciones rotas, en familias, en grupos de amigos, en entidades, pero ante el conflicto y la discrepancia, se opta por apartar el tema. Para desgracia de los independentistas, el PSC ganó las últimas elecciones al Parlamento, y todo hace pensar en una repetición, más holgada, en las próximas, como para llevar Salvador Illa a la presidencia.

Es evidente que todavía quedan muchos hiperventilados que no quieren rebajar el tono ni aceptar los nuevos tiempos, pero se van extinguiendo.

El gobierno central, con Pedro Sánchez a la cabeza, podía haber contemporizado y esperado a ver qué pasaba en el futuro, o imprimir cambios rápidos y efectivos para retornar a la normalidad. Ha optado por esta segunda opción. Lo celebro y lo celebramos muchos, aunque por dentro tengamos los recuerdos de todo lo vivido y padecido.

Pero, la política ha de servir para resolver conflictos y no para mantenerlos, o crear de nuevos. Ahora y aquí debo exponer que la situación en Cataluña es radicalmente diferente a 2 o 3 años antes, y nada que ver con la de 5 o 6 años atrás.

Y si estamos mejor, es por lo que se ha hecho, y como se ha hecho, a pesar de las críticas con mejor o peor fundamento. Encuentro a faltar la exigencia de petición de perdón por parte de todos los líderes del procès y muy especialmente de los que se han beneficiado de los cambios en el Código Penal, pero sabiendo como son, no nos ha de extrañar. Nuestro principal consuelo es que fracasaron estrepitosamente en todos sus objetivos.

 

Presidente del Consejo de la Federación XI del PSC-PSOE. Ex alcalde de Borredà ( Barcelona) y ex diputado del Parlament de Cataluña.