Quien miente una vez, miente mil
Nada mejor para constatar el rechazo a las mentiras y falsedades que pasar unos años en algún país con profundas raíces luteranas, calvinistas e incluso de Zwingly, aún más estricto que los anteriores. Éste es mi caso por haber vivido, estudiado y trabajado en la ciudad de Berna, capital de Suiza, durante siete años. Allí pude observar el rigor y el duro castigo contra quien lance alguna mentira o falsedad. La sociedad considera que quien miente una vez puede hacerlo mil veces más, de forma que no se le puede confiar ninguna misión importante, menos aún, en instituciones públicas.
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