Sobre la “inutilidad” de las sociedades secretas y la “utilidad” de la masonería en el XIX
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Masones y Masonería
El destacado historiador francés François-Timoléon Bègue (1798- 1850) se especializó en la francmasonería y las religiones. Publicó distintas obras, y muchas de las mismas fueron traducidas al castellano. Una de las más conocidas fue Historia pintoresca de la franc-masonería y de las sociedades secretas antiguas y modernas, y traducida e ilustrada con interesantes notas y apéndices por un filósofo moderno, que se publicó en Madrid en 1847.
En esa obra, después de explicar la historia de distintas sociedades secretas, opinó sobre la supuesta inutilidad de las mismas en su tiempo frente la masonería.
En primer lugar, consideraba que independientemente de sus denominaciones y tendencias todas derivaban de un único origen, los misterios egipcios, pero, sobre todo, lo que más nos interesa en este trabajo es que su objetivo era la protesta de la minoría contra los vicios o abusos del “estado social”, que sostenía y protegía a la mayoría. Y todas, a pesar de las “aberraciones y escesos de algunas” habían contribuido al progreso en las ideas y en las instituciones de los pueblos.
Pero opinaba que todas las mejoras políticas se terminarían por realizar en un plazo de tiempo más o menos largo. Así pues, la acción oculta de las sociedades políticas no solo habría perdido ya su utilidad, sino que podía llegar a ser hasta perjudicial, es más, como si terminaran por determinarse como un movimiento retrógrado, a causa de la desconfianza que inspiraban al público porque costaba creerse que dichas sociedades no tuviesen un pensamiento oculto reprensible, cuando por el contrario lo que reclamaban estaba en a voluntad de todos pero que podía publicarse y no ocultarse.
En cambio, el autor creía que la masonería sí tenía una utilidad o misión en la sociedad, porque pensaba que había ciertas mejoras que para conseguirlas era preciso el trabajo cooperativo de personas de “valor y de abnegación”, esto es, la “moralización de las masas, su instrucción y su bienestar natural”. La mayoría de las veces las leyes y las autoridades encargadas de su aplicación eran impotentes porque todo el tiempo de estas se dedicaba a sostener y reprimir. Por eso, los masones, como “almas generosas, y llenas de ardor por el bien”, podían suplir esta falta. La masonería asumiría, por lo tanto, esta tarea por la tolerancia que siempre habría demostrado, pero también por sus antecedentes.
En realidad, podemos interpretar esta tesis como la de un autor que consideraba que las luchas políticas revolucionarias ya no eran útiles, especialmente, si se organizaban en el seno de las sociedades políticas secretas, y que era la hora de otra sociedad secreta, pero no política, más bien filantrópica que debía trabajar por la mejora general.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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