Código moral masónico en los años treinta
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Masones y Masonería
El Boletín oficial y revista masónica del Supremo Consejo del Grado 33 para España y sus dependencias publicó en su número de junio de 1934 un código moral masónico. En otro lugar, ya comentamos un código masónico del XIX.
En la historia de la masonería se han escrito muchos códigos morales de conducta para ser un perfecto masón. En realidad, eran recomendaciones porque siempre ha habido masones que podrían opinar de forma distinta sobre algunos principios, como el de “venera al Gran Arquitecto del Universo”, por ejemplo. Los masones y las masonas son hombres y mujeres libres pero también es cierto que todos y todas comparten una serie de principios basados en la libertad, la igualdad, la fraternidad, la justicia, la verdad, la tolerancia entendida en su más íntimo concepto, el buen proceder, la cortesía, etc. Luego está la compleja naturaleza humana. La masonería aspira a la perfección moral y luego están los seres humanos con sus miserias personales.
Vamos a glosar el mencionado código como un material histórico sugerente para la reflexión de propios y extraños.
-Venerar al Gran Arquitecto del Universo, cuestión que, como sabemos, no siguen todos los masones. En todo caso, se nos avisa que ese culto consistiría, en realidad y principalmente, en realizar buenas obras, es decir, no parece que haya que rendir un culto como a un dios o a Dios.
-Se debe tener el “alma en un estado puro” porque sería la única forma de parecer dignamente ante tu conciencia.
-Ama al prójimo como a ti mismo, es decir, en algunas cuestiones vemos principios cristianos.
-No hagas mal para esperar bien. Es decir, que el fin no justifica los medios.
-En la misma línea de los principios anteriores, se debe hacer el bien por amor al mismo bien.
-Los masones no deben lisonjear a un hermano porque eso sería como una traición y si un hermano te lisonjeaba debías temer que quisiera corromperte. Este principio se cumple poco, en realidad, pero parece fundamental. Un masón no debe esperar ser alabado ni en público ni en privado, ni en una tenida masónica. En masonería se discute mucho esta cuestión. No es infrecuente que en una tenida masónica la plancha (trabajo, discurso) leída por un hermano suele ser elogiada, seguramente por contaminación del mundo profano, pretendiendo ser amable.
-Escucha la voz de tu conciencia.
-Un masón debía preocuparse de los pobres. En el Código que tratamos habría, a nuestro entender, un cierto paternalismo al decir que había que ser “padre de los pobres”. Existiría otro principio sobre el reparto del pan al que no tiene y dar cobijo al que no lo posee.
-Ayudar a los viajeros nacionales o extranjeros, un principio que a este señor que les escribe le gusta mucho porque no conocen el lugar que visitan, ni sus normas, procedimientos, etc.
-Evita las querellas y prevé los insultos, que la razón quede siempre de tu lado. Sabio consejo en este mundo donde vivimos en contante combate dialéctico y más que dialéctico.
-La masonería no casaría muy bien con la ira, ya que la misma reposaría en el “seno del necio”.
-Habría que detestar la avaricia porque quien amaba las riquezas no sacaría ningún fruto de las mismas, además de que estaríamos hablando de un ejercicio de vanidad.
-Muy en la línea cristiana estaría el consejo de huir de los impíos.
-Importante sería el honor y la justicia como una senda a seguir frente al “camino extraviado” porque conduciría a la muerte.
¿Qué les parece?
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.