Incienso
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Masones y Masonería
El término de incienso procede del latín incensum, es decir, todo lo que arde, pero sin referirse a una materia en concreto. En la Antigüedad el incienso más puro era el aceite del Líbano. Es conocido como Olíbano. En masonería el incienso debería estar constituido por tres partes de Olíbano, dos de mirra y una de benjuí. Es una mezcla con su propio simbolismo, ya que uniría los tres mundos, el divino, el humano y el material, o lo que es lo mismo, el espíritu, la mente y el cuerpo.
El incienso, a pesar de su destacado empleo en la liturgia cató lica, no comenzó a ser usado por los primeros cristianos hasta el siglo IV porque se consideraba que hacerlo era una costumbre pagada. En todo caso, en la Biblia su presencia es frecuente. Yahvé habló a Moisés para que hiciese un altar de perfumes, y en el mismo debía quemar incienso, realizado de madera de acacia, pero no debía hacer ceremonias paganas. Además, Moisés encendió incienso en el camino, o San Pablo hablaba de un ara de oro para los perfumes. En el Apocalipsis de San Juan, por su parte, un ángel cerca del altar con un incensario de oro en la mano recogía inciensos junto con las plegarias de los santos, y al quemarlos, con el humo que se formaba las plegarias podían subir a Dios.
El incienso, como fundamental perfume, entraría en el ámbito de los estímulos psíquicos y físicos, en estrecha relación también con lo que harían los colores. En este sentido, el incienso propi ciaría un estado psíquico vinculado a la elevación espiritual. Pero también tendría una función antiséptica y purificadora, muy empleada en la Historia y en distintos ritos y religiones, precisa mente en espacios no abiertos, es decir, poco ventilados.
Así pues, en masonería se recogerían estas dos funciones. Los templos son espacios a cubierto, cerrados, y por la dimensión espiritual de este perfume. El incienso se emplearía, especialmente en las tenidas de iniciación. Si la vista es importante en masonería, como la palabra y el silencio, el olfato no se quedaría atrás. El olor de la logia identificaría el espacio en el que los masones se encuentran, propiciando, fundamentalmente un estado psíquico en el que se desvincularían del mundo exterior o profano. La quema del incienso se produce en el altar de los perfumes, que se encontraría en el Oriente. Se colocaría en el incensario, a cargo del Maestro de Ceremonias. Cuando el incienso está a punto de apagarse, debe llevarlo al Occidente, cerca de la entrada del templo. Que se queme en Oriente tiene que ver con el simbolismo en relación con el poder emotivo del olfato. Al dimanar del Oriente nos estaría sugiriendo el control de lo sutil, fundamental en el trabajo masónico de profundización del conocimiento.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.