Roberto Castrovido y los socialistas: el apoliticismo y las dictaduras (1924)
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Queremos traer las reflexiones del político republicano Roberto Castrovido sobre la vinculación del apoliticismo con el triunfo de las dictaduras en 1924 y cómo fueron aprovechadas por los socialistas.
Hoy no se recuerda mucho a este personaje, pero tuvo mucho protagonismo en la vida política española desde los inicios del siglo XX hasta la Segunda República. Así pues, antes de entrar en materia ofrecemos unos apuntes sobre el mismo.
Roberto Castrovido (1864-1941) tuvo una intensa vida como periodista y político. Empezó en la prensa en Barcelona y Santander, pero a partir de 1903 regresaría a Madrid donde fue nombrado director de El País y Vida Nueva. Se destacó por sus críticas a la Guerra de Marruecos y sobre la Semana Trágica. Se presentó a las elecciones generales de 1907, pero no consiguió sacar un acta de diputado. En 1912 sustituyó a Francisco Pi y Arsuaga como diputado por Madrid del Partido Republicano Federal, consiguiendo ser elegido en 1914, 1916, 1918 y 1919, siendo uno de los políticos más destacados de la Conjunción Republicano-Socialista. Volvería a tener cierto protagonismo en la Segunda República, ya que fue elegido en las elecciones a las Cortes Constituyentes de 1931, y también sería compromisario para la elección del presidente de la República en la primavera de 1936 por Izquierda Republicana. Se exilió en México donde fallecería.
Roberto Castrovido publicó en El Pueblo, el diario republicano valenciano vinculado al blasquismo, en relación con la situación política británica con un elogio hacia los laboristas y de la democracia británica, concluyendo que de no haber masas apolíticas no existirían las dictaduras, “ni fascismos, ni bolchevismos”.
Pues bien, El Socialista recogió parte de este artículo en su número del primero de enero de 1924 para insistir en que el error del proletariado, su máximo error, se llegaba a reafirmar, era alejarse de la política. Sin ella no podían vivir los pueblos. Únicamente con el ejercicio de la democracia y de la libertad se podían curar todos los males.
En el año que comenzaba la prioridad debía ser reforzar al Partido Socialista, reorganizando las agrupaciones en donde las hubiera, pero la represión hubiera hecho imposible su vida, preparando al proletariado para los futuros organismos municipales que el Directorio Militar prometía que iba a establecer. En este sentido, recordemos que nos encontramos ya en la Dictadura de Primo de Rivera y que muy pronto se plantearía una reforma municipal con el Estatuto Municipal de 1924.
El periódico socialista consideraba que la organización obrera no podía seguir realizando una estratega de “aislamiento suicida”. A los trabajadores les interesaban todos los problemas, esto es, la educación, los militares, los internacionales, los de las subsistencias, los de la higiene, los de la vivienda, absolutamente todos.
No se podía limitar la esfera de acción al salario o a la jornada laboral. Eso era lo que preconizarían los “anarquistas primitivos”, y los que nunca habían trabajado nunca por establecer una verdadera organización. Y eso habría favorecido a la burguesía.
Por eso tendría razón Castrovido.
A la luz del día, dentro de la ley debían trabajar y luchar las organizaciones obreras, robusteciendo su propia personalidad y consolidando al Partido Socialista.
Como vemos, estaríamos ante un nuevo canto sobre la importancia de la lucha política por parte del socialismo español, precisamente en el momento histórico de la Dictadura de Primo de Rivera y contra los anarquistas.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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