Federica Montseny y la mujer turca a comienzos de los años veinte
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Feminismo
Federica Montseny escribió un artículo en La Revista Blanca en noviembre de 1923 donde realizaba un análisis sobre la situación del intenso despertar de la mujer turca, que rescatamos en El Obrero.
Para la escritora la mujer turca había avanzado a raíz del fin de la Gran Guerra de una forma evidente si se comparaba su situación con la que había tenido unos años antes. Y este avance tenía que ver con los cambios que se habían producido en Turquía, ya que debemos recordar, por nuestra parte, que la derrota había terminado con el Imperio turco-otomano, y el reparto de lo que quedaba del mismo. Pero, sobre todo, aceleró un intenso proceso de cambio hacia la República de la mano del creador de la Turquía moderna, Mustafá Kemal Atatürk y el Movimiento Nacional Turco. Nacía una República laica, y todos estos cambios tuvieron su repercusión, lógicamente, en la situación de la mujer.
Así pues, los harenes se habían abolido, también se había terminado la que Montseny consideraba “absurda y asiática costumbre de los rostros cubiertos y de la clausura”. Las mujeres podían ingresar en las Universidades, entrar a trabajar en oficinas y distintas profesiones. Además, se multiplicaban las campañas en pro de la emancipación de la mujer, y se estaban creando muchas asociaciones femeninas, como las denominadas “Defensa de los derechos de la mujer”, el “Partido femenino de las mujeres del pueblo”, y la “Sección femenina de la Liga de los Derechos del hombre y del pueblo”. Y todo este movimiento no era exclusivamente feminista porque estas asociaciones no se limitaban a conseguir conquistar para la mujer turca las que consideraba Montseny las “exiguas libertades de la mujer europea”, ni las “escasas” a que aspiraba el feminismo en Occidente. En Turquía se estaba luchando por la igualdad social, por lo que comenzaban a ser vistas con recelos por las autoridades y hasta por las mujeres de clase alta que habían comenzado por alentar este asociacionismo.
La línea fundamental de la Sección femenina de la Liga de los Derechos del hombre y del pueblo, y que estaba dirigido por un grupo de mujeres intelectuales, era la educación de la mujer.
El Partido femenino de las mujeres del pueblo recogía aspiraciones proletarias unidas a otras más estrictamente de emancipación de la mujer. Por su parte, Defensa de los derechos de la mujer sería un grupo conservador.
En conclusión, Montseny consideraba que la Sección era la organización intelectual, tolerante, entre el radicalismo del Partido que atraía más a las mujeres pobres, y la Defensa, formada por mujeres de condición social elevada.
Federica Montseny insistía mucho en la rapidez y radicalidad de los cambios si se comparaba con el estado de la mujer turca hasta hacía bien poco. Se trataba de un esfuerzo de gran magnitud. Se había saltado casi sin transición de la “esclavitud resignada y del embrutecimiento secular” a una acción activa y rebelde, de un “universalismo tolerante y modernísimo”, que no poseían, a su juicio, las mujeres occidentales.
Para nuestra autora no le habría sorprendido si las mujeres turcas se hubieran limitado a luchar contra la esclavitud, los harenes y los prejuicios que convertían a la mujer en una especie de objeto guardado, pero lo que parecía más asombroso era la valentía y lo impetuoso de esta lucha de la mujer turca conquista tras conquista. En este sentido, tenía en cuenta que estos cambios tenían que ver con la voluntad de los nuevos gobernantes, citando a Atartük. Pero Montseny quería ir más lejos en las causas que habían desatado esta fuerza de cambio relacionada con la mujer. Consideraba que los pueblos jóvenes, que los estados incipientes, se agitaban con más entusiasmo. Consideraba que Turquía era un pueblo joven, una apreciación que podemos considerar un tanto problemática, dada la intensa y extensa historia de la misma, aunque más ajustada a la realidad nos parece su afirmación de que lo era también desde el punto de vista político. Eso era evidente con el fin del Imperio turco-otomano y la proclamación de la nueva República, como apuntábamos al principio. Y también era evidente que el cambio político tenía mucho que ver con el empuje de la juventud turca que ya no tenía que ver con los jóvenes turcos, a los que caracterizó como bárbaros, nacionalistas y reaccionarios. Eran los estudiantes los que estaban protagonizando estos cambios sociales y de mentalidad. Turquía estaba naciendo al mundo moderno, con unas mujeres protagonistas, activas y entusiastas.
Turquía y su movimiento “progresivo estudiantil” se convertían, en opinión de Montseny, en un ejemplo a imitar.