Los refugiados intelectuales en los años treinta
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Cultura
En mayo de 1933 se fundó en Ginebra el Comité Internacional para la colocación de los refugiados intelectuales, bajo la presidencia del embajador griego en París, Nikólaos Politis (1872-1942). Politis fue, además de diplomático, un jurista que consiguió enseñar Derecho en la Universidad de París. Entre 1916 y 1920 fue ministro de Asuntos Exteriores de su país, cargo que repitió en 1922. También fue miembro del Comité Olímpico Internacional entre 1930 y 1933, sin olvidar su larga carrera diplomática como embajador en Francia, entre 1924 y 1925 y luego entre 1927 y 1933. Fue un experto en Derecho Internacional. Murió en plena Segunda Guerra Mundial en Cannes.
Pero no sólo este Comité se creó a instancias del jurista y diplomático heleno. También habría que destacar a su vicepresidente, William Rappard, director del Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales. Rappard era suizo y doctor en Derecho por la Universidad de Ginebra. Fue un alto funcionario de la OIT, y tuvo una larga carrera universitaria durante los años veinte y treinta, además de trabajar también para la Sociedad de Naciones.
Sabemos de la acción de este Comité entre mayo y diciembre de 1933 por la memoria que presentó. No olvidemos que, con el auge de los totalitarismos, especialmente de signo fascista muchos sabios, profesores, intelectuales, etc. tenían que huir.
El Comité empleaba un método muy práctico para atender a los refugiados intelectuales, es decir, profesores, médicos, investigadores, etc., de ambos sexos. Consistía en buscarles una colocación individual en plazas remuneradas. Así lo habían hecho con sesenta y siete personas. En los primeros meses de 1934 se estaban tramitando trescientas veinticuatro plazas estables. Por fin, a treinta y cinco refugiados se les había conseguido no sólo un trabajo sino también vivienda y manutención. Imaginamos que podrían ser para aquellos que tuvieran más necesidades, aunque esa es una hipótesis nuestra.
El Comité invitaba a instituciones de toda índole para que admitiesen refugiados que tenían una altísima cualificación, mientras que el Comité se encargaba de los gastos de mantenimiento.
Es más, se había gastado en bolsas para permitir a algunos refugiados a concluir trabajos científicos o literarios.
Creemos que este evidente éxito tenía que ver con el hecho de que no pocas instituciones docentes, científicas, culturales, etc, además de los estados, eran conscientes de que podían contar con sabios y expertos en distintas disciplinas y trabajos, es decir, un extraordinario “capital humano”. --El Comité, además, se puso a trabajar con el fin de crear instituciones nuevas para dar trabajo a refugiados y también a nacionales.
Para hacer mejor su trabajo tejió una red de corresponsales y se puso en contacto con comités e instituciones que pudieran realizar una tarea similar.
Su acción no sólo se centró en Europa. En 1934 emprendió negociaciones para colocar a diez especialistas en ciencias sociales en Sudáfrica, a cuarenta y cinco químicos en Argentina, a veinte médicos en Siam, a treinta y ocho maestros y pedagogos en la India, a siete médicos en distintos dominios británicos, a veinticinco maestras en Estados Unidos y a un grupo de veterinarios en China. Al parecer, el Comité comenzó con un registro de dos mil refugiados.
Hemos trabajado con el número 7869 de El Socialista de 24 de abril de 1934.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
