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La plata de las iglesias y su dimensión económica


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Las iglesias de España, desde las catedrales hasta las parroquiales y conventuales, atesoraron durante el Antiguo Régimen una enorme cantidad de plata, y muy especialmente entre los siglos XVI y XVII. Este fenómeno se asocia a la aportación de la plata americana, y a la importancia de la religión en una sociedad como la española de la época, donde eran muy comunes las donaciones a la Iglesia.

Pues bien, la plata atesorada en los templos se dividía en dos grandes tipos de objetos. En primer lugar, estarían aquellos que se empleaban en la liturgia, destacando los cálices, las patenas, los ostensorios (custodias) y los relicarios. Por otro lado, había objetos que podríamos calificar de utilitarios, como bandejas, lámparas o candelabros. Los primeros siempre fueron muy respetados por su vinculación al culto, a menos que fueron objetos de robos o violencia, pero los segundos terminaron por constituir una especie de reserva económica que podría ser empleada en caso de necesidad.

Pero lo más interesante es que sobre esa plata terminaron por fijar su atención los monarcas, siempre necesitados de financiación, habida cuenta de la asfixiante presión del gasto militar y cortesano.

Los primeros que se interesaron por la plata de las iglesias fueron los propios Reyes Católicos en la Guerra interna castellana por la sucesión del trono de Enrique IV, que tuvo lugar entre los partidarios de Isabel y de Juana, “la Beltraneja”. Así pues, emitieron un empréstito para captar dinero tomando como garantía la plata de las iglesias.

Felipe II intentó ir más allá porque dictaminó que se realizara un inventario de la plata de las iglesias con el fin de conocer que riqueza se atesoraba con evidentes intereses. Eso provocó protestas porque la Iglesia era consciente de lo que se pretendía con esa información. Hasta el todopoderoso Rey prudente tuvo que dar marcha atrás.

Felipe IV, por su parte, agobiado por la presión del gasto, pidió a las comunidades religiosas que donaran la plata que no fuera necesaria, es decir, la que no se empleaba en la liturgia. No parece que tuviera mucho éxito. En todo caso, la Iglesia consiguió mantener este fondo o tesoro casi intacto hasta el final del siglo XVIII.

Pero la crisis del Antiguo Régimen supuso un verdadero terremoto en relación con la plata de las iglesias y el tesoro se quebró por causas determinantes. En primer lugar, estaría la rapiña de las tropas francesas en la Guerra de la Independencia. Por otro lado, se hicieron donaciones para la causa patriótica en el conflicto y, al final, y sobre todo, las desamortizaciones, ya en la época liberal, fueron decisivas. Los procesos desamortizadores, como es sabido, incautaron los bienes de las órdenes religiosas, entre los que se encontraba, evidentemente, la plata, para la venta posterior en pública subasta de dichos bienes, sin negar que en la cuestión de la plata debió haber algunas ventas de dudosa legalidad.

Al final, la plata que más se ha conservado fue la de las grandes catedrales, y que se enseña en los Museos que casi todas ellas tienen en su seno.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

 

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