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Individualismo, capital y clase obrera en Bakunin


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Bakunin hablando a los trabajadores de la AIT en el Congreso de Basilea, en Suiza. Grabado de 1869. / Wikipedia Bakunin hablando a los trabajadores de la AIT en el Congreso de Basilea, en Suiza. Grabado de 1869. / Wikipedia

La tercera y última conferencia de Bakunin a los obreros del Valle de Saint-Imier plantea una explicación sobre el individualismo y el capital como instrumentos de dominación y explotación, para concluir con el papel emancipador de la clase obrera, aunque al principio explicaría los tipos de burguesía y volvería sobre la relación entre igualdad y libertad a cuenta de los primeros conatos revolucionarios.

Así es, Bakunin explicaba en el inicio de esta tercera conferencia los dos tipos de burguesía en la Revolución francesa, para entroncar con su análisis de la anterior conferencia sobre lo que había supuesto este proceso para las masas. En primer lugar, estaría la burguesía revolucionaria, esto es, los jacobinos, a los que Bakunin valoraba mucho por su culto a la justicia, la libertad y la igualdad, aunque consideraba que no habían comprendido los conceptos, no siendo culpa de ellos sino del tiempo en el que vivieron. Fueron héroes porque de no serlo no habrían conseguido los grandes actos de la revolución, pero tuvieron errores tácticos. Por otro lado, estaba la gran masa burguesa, a la que, lógicamente, Bakunin no dedicaba precisamente elogios. Fue la que acabó con los jacobinos y estableció el Directorio, “una verdadera encarnación de la depravación burguesa al fin del siglo XVIII”.

En ese momento apareció la insurrección de Babeuf y sus amigos, a los que Bakunin calificó de jacobinos socialistas, amantes de la igualdad, pero en detrimento de la libertad. Su plan partía de la expropiación a todos los propietarios y dueños del capital en beneficio del establecimiento de un Estado republicano, democrático y social. El Estado sería el único propietario de todas las riquezas y del poder político, apoderándose de la educación igualitaria, obligando a todos los mayores de edad a trabajar. Pero todo esto se haría a costa de la libertad, planteando un modelo uniforme. Era verdad que el gobierno sería elegido por sufragio universal, pero una vez elegido, ejercería el poder de una forma absoluta, algo que, como era de suponer era profundamente criticado por Bakunin. En este punto, el ruso realizaba un recorrido histórico sobre la teoría de la igualdad establecida por la fuerza, aludiendo a Platón, los primeros cristianos con su comunismo práctico y el papel de Münzer en la Alemania de comienzos del siglo XVI. Todas estas tentativas habían fracasado porque las masas no se habían desarrollado lo suficiente, pero, sobre todo, y esto era lo más importante, por intentar asociar la igualdad con la autoridad del Estado, como lo que habría intentado Babeuf. Si la libertad no podía existir sin igualdad, como había demostrado en la segunda conferencia, tampoco la igualdad se podría conseguir sin la libertad, entendida no como la que defendía la burguesía esclavizando a las masas, es decir, una nueva suerte de privilegio, sino como libertad universal. Es evidente que Bakunin estaba criticando este inicial comunismo porque terminaría siendo una tiranía al establecer un Estado omnipotente.

Bakunin después realizó un exhaustivo repaso a la Historia con Napoleón, la Restauración y la Revolución de 1830, deteniéndose no sólo en Francia. La cuestión llevaba al triunfo de la burguesía basado en el concepto del individualismo, tanto en literatura, como en política y, sobre todo, en economía.

El individualismo sería, en opinión de Bakunin, la tendencia que impulsaría al individuo a conquistar y a establecer su propio bienestar, su prosperidad, su dicha, contra todo el mundo, en detrimento y a espaldas de todos los demás. Era el “¡sálvase quien pueda!”. Era una especie de lucha, sin corazón ni piedad, cometiéndose crímenes, una batalla fratricida y un crimen continuo contra la solidaridad humana, base única de toda moral. El Estado ampararía esta competencia, el triunfo de los fuertes sobre los débiles, de los ricos sobre los pobres. El Estado consagraría la legalidad de esos crímenes, una palabra que el ruso repetía con intención.

Bakunin explicaba que el individualismo aparecía en la literatura a través del joven pobre y desconocido, pero lleno de ambiciones, que conseguiría triunfar a fuerza de grandes esfuerzos, en una suerte de moderno héroe, y que se vería en las novelas de Víctor Hugo, Dumas o Balzac.

En la política el individualismo se vería en la carrera de los individuos hábiles y fuertes para conseguir llegar al poder, para, al final, dominar a las masas, una vez que se habían terminado los privilegios estamentales.

Pero donde el individualismo era más evidente era en la economía con el triunfo del liberalismo, de la libertad ilimitada. En este punto, Bakunin recupera la teoría que ya vimos sobre el trabajo colectivo frente al improductivo del individual. El problema residía en el hecho de que el fruto de ese trabajo social o colectivo no era para todos sino para una minoría. La burguesía querría el disfrute aislado de los individuos, de “los fuertes, de los inteligentes, de los hábiles, de los dichosos”, en una palabra, de la minoría burguesa. No habría, por lo tanto, libre competencia, igualdad en esta lucha que calificaba de fratricida, porque la minoría partía con mejores armas, con su educación y su riqueza heredadas.

Pero el arma decisiva de la burguesía era el capital, que empleaba contra el proletariado, pero también contra la pequeña y media burguesía, ignorante del proceso, a pesar de la sencillez del fenómeno. A causa de la competencia, gracias a la libertad conquistada por el pueblo en beneficio de los burgueses, todos los fabricantes estaban obligados a vender sus productos al más bajo precio. Eso provocaba una verdadera lucha intestina en la producción burguesa, además de que se empeoraba la calidad de los productos. En esta lucha por el precio más bajo los grandes capitales terminarían por aplastar necesariamente a los pequeños. Bakunin constataba el claro proceso de concentración que se estaba ya produciéndose cuando impartió las conferencias, un fenómeno que alcanzaría grandes cotas al poco tiempo a raíz de la primera gran crisis del capitalismo. Si la burguesía media y pequeña tuviera buen sentido para comprender este fenómeno ya se habría asociado con el proletariado para realizar la revolución, pero le podía su egoísmo y su vanidad, no viendo que estaba siendo aplastada por la gran burguesía, y amenazada por otra parte por ese proletariado a quien despreciaba tanto como temía.

Las consecuencias de la competencia burguesa eran desastrosas para el proletariado porque los fabricantes bajaban los precios, además de emplear a mujeres y niños por pagarles salarios aún más bajos. Además, en este sistema los trabajadores se hacían la competencia entre sí y eso abarataba más el salario.

Para terminar con el poder del gran capital la clase obrera se convertía en la única representante de la causa de la humanidad. El porvenir pertenecía a los trabajadores. Todas las clases que estaban por encima, es decir, la burguesía, la nobleza, el clero, los funcionarios militares y civiles, que representaban la “potencia malhechora del Estado” eran clases corrompidas, incapaces de comprender y de querer el bien, y poderosas solamente por el mal.

La conferencia terminaba con alusiones a la situación presente en Francia, con el fracaso del Segundo Imperio y con la importancia de la Comuna, para insistir en que la divisa de los trabajadores era la solidaridad, el principio de la Internacional (Bakunin todavía pertenecía a la misma). Por eso llamaba a los trabajadores, a los obreros para la gran misión de la emancipación de la humanidad. Eso sí, tenían que pensar en el campesino que aún no tenía conciencia porque había sido envenenado, fundamentalmente por los sacerdotes, convirtiéndose en un instrumento de la reacción.

Pero no sólo era necesaria la solidaridad para la tarea emancipadora, sino también la organización, un asunto que para Bakunin era muy importante, a pesar de lo que tradicionalmente se piensa en comparación con el marxismo.

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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