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Transcendencia de la Revolución Francesa (VI)


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Cambaceres, 1753-1824, era un noble, abogado y estadista francés y el primer imperio, famoso como uno de los autores del Código Napoleónico. Cambaceres, 1753-1824, era un noble, abogado y estadista francés y el primer imperio, famoso como uno de los autores del Código Napoleónico.

Una Iglesia católica reconciliada, sería uno de los puntales del nuevo régimen napoleónico. El restablecimiento de la autoridad familiar sería el otro. La simpatía del nuevo régimen por los derechos del padre y de la propiedad privada, como base del orden social, se puso de manifiesto en los intentos por modificar, los cambios revolucionarios de la transmisión de la propiedad, mediante el testamento.

El derecho de primogenitura en las familias nobles, había sido abolido el 15 de marzo de 1790. A continuación, en una ley de herencias aprobada por la Convención Nacional el 7 de marzo de 1793, este principió se extendió a todos los estamentos, obligando a que todos los hijos heredasen por igual. Disposición que, a finales de aquel mismo año, se hizo extensiva a los hijos nacidos fuera del matrimonio. El régimen napoleónico, trató de modificar lo que consideraba una amenaza a la autoridad paterna, así como a las propiedades de tierras económicamente viables. El 4 de Germinal VIII (25 de marzo de 1800) se aprobó una ley, que introducía una “parte disponible” que un padre, podía dejar a su hijo favorito, aumentando así su herencia.

Sin embargo, ningún gobierno – ni siquiera en la Restauración – interfirió con el principio de igualdad de herencia. Si un hijo tenía que heredar las propiedades familiares, los demás tenían que renunciar a su parte, o recibir compensaciones por otros medios. En cualquier caso, la consecuencia social de esta legislación, fue la de concentrar la atención, en los derechos de los hijos y en la propiedad familiar. En innumerables ocasiones después de 1790, los derechos de las hijas se convirtieron en un asunto familiar, al igual que la ley de divorcio, atribuía poderes a las esposas. Y este es el cambio más significativo, en el estatus de las mujeres en aquellos años.

Puede que las mujeres no obtuvieran derechos políticos con la Revolución, y tan sólo derechos legales limitados, pero los efectos de la nueva ley de herencias, y la abolición del señorío, depararon a las mujeres una posición más fuerte, dentro de la familia. Otra consecuencia de esta legislación, fue la repentina caída de la natalidad, pues los padres trataban de limitar el tamaño de su familia y, con ello, la probabilidad de que la hacienda familiar, se viera subdividida.

Napoleón también trató de estabilizar todo esto, en el Código Civil de 1804. Dicho Código, había de ser la piedra angular, de la administración de la sociedad civil del régimen, y trataba de garantizar los principios revolucionarios básicos, tanto como consolidar un orden social, basado en la riqueza y el patriarcado. La imposición autoritaria del orden público de Napoleón, quedó equilibrada por el imperio de la ley y la tolerancia religiosa, en el seno de una fluida jerarquía social de “talento”. En palabras del propio Napoleón: “Fue la gran gloria de mi reinado”.

El Código de Napoleón fue una obra extraordinaria, por la yuxtaposición de los principios básicos de la Revolución, con la consolidación de la jerarquía y el patriarcado. Por un lado, el Código estaba basado en el supuesto revolucionario, de una sociedad laica de ciudadanos iguales ante la ley: el “talento” se consideraba la base de la jerarquía social; y el éxito en el uso de la propiedad privada individual, era muestra de dicho talento. Por otro lado, el ejercicio del talento, se convertiría en el dominio de los hombres: las mujeres casadas no tenían ya derecho, a firmar contratos legales independientemente. Estaban sometidas, como antes de 1789, a la autoridad del padre y, después, a la del marido. En lo sucesivo, las esposas tan solo podrían solicitar el divorcio, si la amante del marido entraba en el hogar conyugal. En cambio, el simple acto de adulterio por parte de la esposa, bastaba para que el marido, pudiera presentar una demanda. Y la mujer adúltera, podía incluso ser encarcelada durante dos años. Esta ideología de la autoridad patriarcal, se extendía a los hijos, pues los padres estaban autorizados, a reclamar la detención de los hijos, durante un mes si eran menores de 16 años, y durante seis meses, si tenían entre 16 y 21 años.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

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