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La reflexión de Fritz Erler sobre el neonazismo en 1952


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

El Partido Socialista del Reich (SRP) fue una formación política alemana, nacida de la escisión del Partido Derechista Alemán, partido que había surgido en la zona de ocupación británica. El Partido Socialista del Reich, por su parte, sería fundado en la Baja Sajonia en 1949, defendiendo una ideología donde se mezclaba la ideología neonazi, el anticomunismo y el anticapitalismo, además de defender posiciones claramente negacionistas en relación con el Holocausto. Su principal líder y fundador fue Otto-Ernest Remer, general de la Wehrmacht, destacándose como militar tanto en el frente ruso como en las Ardenas, además de ser un factor fundamental para abortar el golpe contra Hitler de julio de 1944. Cuando el Partido fue declarado ilegal, se fue de Alemania, abrazando la causa del panarabismo en Egipto, además de realizar otras actividades en relación con los antiguos criminales de guerra nazis. En 1994 llegó a España. La Audiencia Nacional no aceptó la petición de extradición alemana porque, según el fallo del tribunal español, en nuestro país no existía el delito de negacionismo. En todo caso, las autoridades españolas le denegaron la condición de refugiado, así como el asilo. Remer pasó sus últimos años entre Egipto y Siria, aunque moriría en Marbella en 1997.

Pues bien, una vez realizada esta introducción el objetivo de nuestro trabajo es comentar el artículo que el diputado socialdemócrata en el Bundestag, Fritz Erler, publicó en El Socialista en febrero de 1952 sobre el neonazismo en su país en relación con la formación aludida. Aportar materiales sobre los neofacismos en la historia contemporánea puede sernos útil en las reflexiones del presente por el resurgir, en otro contexto, de estos planteamientos ideológicos y políticos.

Erler (1913-1967) sufrió la persecución nazi por su militancia política en 1938. Al terminar la guerra fue elegido para el Bundstag en 1949, siendo uno de los expertos en política de defensa del SPD, llegando a vicepresidir el Comité de Defensa del Bundstag entre 1953 y 1957. Fue elegido uno de los vicepresidentes del SPD en el Congreso de Bad Godesberg, en el que fue elegido presidente Willy Brandt.

El objetivo de Erler con su artículo era manifestar que si se quería calibrar políticamente lo que era el neonazismo en Alemania había que examinar bien la situación del país para ni subestimarlo ni sobrestimarlo. No se podían, en su opinión, hacer comparaciones con la época precedente al ascenso del nazismo, a pesar de que se pudieran ver algunas semejanzas. Erler, por lo tanto, buscaba contribuir a un análisis sereno porque consideraba que la prensa extranjera había exagerado la importancia del neonazismo en ese momento, en los inicios de la década de los años cincuenta, siendo una apreciación que consideraba nociva para Alemania porque se tendía a identificar dicha ideología con el país.

Erler afirmaba que a la cabeza del SRP había un pequeño grupo de intelectuales ambiciosos y antiguos oficiales, habiendo conseguido agrupar en las zonas donde era más activo a miembros de las antiguas Juventudes hitlerianas, y que los partidos democráticos no habían conseguido atraer.

El electorado se encontraría en el ámbito rural, en el seno de sectores acomodados del mismo, destacando las asociaciones de equitación, ex militares de carrera y jefes del Servicio del Trabajo Obligatorio de la época nazi. Pero también era cierto que advertía que sería falso tratar colectivamente a todos los grupos que suministraban apoyos al SRP porque la mayor parte de los miembros de estos sectores se habían ido a otros campos políticos, y aludía al propio caso de las Juventudes, porque entre sus miembros había muchos escépticos después de la derrota. Cierto era que las filas del SRP comprendían un determinado número de ex jefes de las Juventudes, pero no por ello había que buscar, en general, a los antiguos militares y ex jefes de las mismas Juventudes en el seno del SRP, porque el camino que había conducido del nacionalismo al neofascismo no había sido tan directo. Salvo que se tratase de gentes cuya existencia había sido quebrada y que habían puesto sus esperanzas en hallar un empleo a base de una victoria del neonazismo la generación de los antiguos nazis se encontraba distante del neonazismo, como la mayoría del pueblo alemán. Como veremos, a continuación, Erler intentaba explicar que el neonazismo, sin obviar su conexión con el nazismo anterior, tenía causas que iban más allá de la época nazi en sí, y más con problemas y cuestiones derivadas de la posguerra, generando supuestos agravios y resentimientos.

Por otro lado, Erler consideraba que los errores cometidos por los aliados habían ofrecido motivos para el surgimiento del neonazismo. En 1945, el Partido Nazi estaba pulverizado. Pero una desnazificación más bien “esquemática”, basada en la posición en el seno del partido y no según la eficacia de la acción individual había conducido, siempre según su análisis, a la reconstrucción del Partido Nazi cuando se habían producido los procesos ante los tribunales, creando lazos de solidaridad entre los responsables y “lampistas” del régimen, lazos que no habían existido en 1945. Precisamente, el SRP apelaba a esos lazos, aunque no era el único partido que había utilizado este método. Así acusaba al Partido Alemán y al Liberal-Demócrata de haber explotado con fines partidistas los resentimientos de los ex nazis respecto al Estado democrático. Así los feudos electorales del SRP habían sido los del DP en las últimas elecciones. Pero Erler quería también manifestar la responsabilidad de la CDU, porque afirmaba que algunos de lo jefes del SRP habían sido antes militantes destacados de la Democracia Cristiana.

En las zonas donde la proporción de refugiados era particularmente alta el SRP no contaba con muchos seguidores, pero advertía que entre los miembros de la Unión de Refugiados (BHE) podía haber numerosos electores susceptibles de caer hacia el lado del SRP. Las fuerzas democráticas tenían que ocuparse de estos ciudadanos, de conocer su mentalidad para evitar esa deriva. No debemos olvidar que estamos todavía a pocos años del final de la guerra, que generó el retorno de muchos alemanes que vivían fueran de las nuevas fronteras.

Erler afirmaba que no se habían prohibido las organizaciones creadas por los neonazis, provocando una clara disminución de la autoridad del Estado. No bastaba con prohibir, sino que dicha prohibición debía ser efectiva. Si no la medida era inútil.

Al parecer, en Alemania se vivía en ese momento una discusión de tipo jurídico para ver como proceder a la prohibición del SRP. Erler quería, como hemos visto, efectividad, por lo que abogaba por una solución clara a través de la aplicación del artículo 131 de la Ley Fundamental, porque permitía que todos los antiguos oficiales y funcionarios que participasen en las actividades del SRP perdieran sus derechos al retiro. No era necesario acudir al Tribunal Constitucional, sino que había que aplicar las leyes existentes, que ya hubiera permitido intervenir eficazmente. Había que aprender, por lo demás, de los errores de los procesos de desnazificación, e ir a los dirigentes y verdaderos responsables, y no a los más modestos, es decir, a los “lampistas”.

Pero, además, de la persecución legal había que atacar al neonazismo a través de la adopción de una política democrática y social. A la juventud había que ofrecerle una buena formación profesional, acompañada de ayudas para su futuro. Una verdadera política de pleno empleo reduciría el paro en los campos de refugiados. Reinstalar a los refugiados, construir viviendas, y graduar las cargas fiscales serían medidas necesarias para reducir la miseria de los refugiados. También había que preocuparse de los de mayor edad para que pudieran a través de la formación readaptarse a la vida laboral. Había que adoptar medidas en favor de los exprisioneros y de las víctimas de la guerra. Toda esta política ganaría a amplias capas de la población para la democracia, evitando esos resentimientos, a los que Erler responsabilizaba, en parte, del auge del neonazismo.

Así pues, persecución a los líderes y a la formación neonazi, y política social en favor de los alemanes susceptibles de poder inclinarse hacia la solución neonazi. Había que aprender, además, de lo que había pasado en la República de Weimar, derribada porque sus adversarios habían disfrutado del derecho de difamarla con total libertad.

Por fin, el deber de los socialdemócratas era no callar, pero también actuar.

Hemos trabajado con el número del jueves, 28 de febrero de 1952 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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