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Las fuentes históricas afganas (II)


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

A pesar de que todas las fuentes afganas, que he citado en mi anterior artículo, son bien conocidas (al menos la mayoría de ellas) por los historiadores afganos que hablan el persa dari, que las utilizaron en sus obras de corte nacionalista, entre las décadas de 1950 y 1970, es más que sorprendente que los historiadores anglófonos – al menos hasta donde llega mi información – nunca las hayan tenido en cuenta, y que ninguna de ellas – al menos hasta hace poco –esté traducida al inglés.

Estas crónicas afganas, ricas y detalladas, nos revelan mucha información, que los autores europeos no mencionan o, sin más, desconocen. Las fuentes británicas, por ejemplo, conocen bien las diferentes facciones, en el seno de su propio ejército, pero parecen ignorar, en gran medida, las tensiones que dividían a los diferentes grupos insurgentes, que conformaban el bando afgano. De hecho, los relatos afganos dejan claro que la resistencia, estaba profundamente fracturada: múltiples grupos, dirigidos por diversos comandantes, acampaban en lugares distintos y, con frecuencia, actuaban sin ningún tipo de coordinación. Además, las facciones rivales tenían objetivos diferentes, lo que las llevaba a formar coaliciones, que cambiaban sin cesar, en función de sus propios intereses. Por esas fuentes nos hemos enterado que al principio, un gran número de rebeldes deseaba mantener a Shah Shuja como rey, y sólo pretendían expulsar a sus aliados británicos. Estas mismas fuerzas filomonárquicas, volvieron a ser fieles a Shah Shuja, tan pronto como el ejército británico, partió hacia su propia aniquilación, en el paso de Khord Kabul. Así como el títere de los soviéticos Najibullah, sobrevivió mucho más tiempo de lo esperado, tras la salida del ejército soviético en la década de 1980, Shah Shuja podría haberse mantenido en el trono de Afganistán, de manera indefinida, si no hubiera sido asesinado a traición por su propio ahijado, debido a los celos y otros motivos personales.

Por otra parte, gracias a las fuentes afganas, podemos entender a los líderes de la resistencia, como personajes redondos, como seres humanos, con emociones, opiniones y motivaciones propias. Mientras los relatos británicos ven, sin más, un frente homogéneo de traidores barbudos “intolerantes” y “fanáticos”, las nuevas fuentes, las afganas, contribuyen a hacer más comprensibles las razones, por las cuales varios líderes afganos – muchos de ellos fieles partidarios de Shah Shuja – eligieron arriesgar su vidas y tomar las armas, contra las fuerzas en apariencia invencibles de la Compañía de las Indias Orientales.

En el centro de toda la documentación afgana, se encuentra la enigmática figura de Shah Shuja. En base a sus escritos y a los de sus partidarios, Shuja es considerado un hombre sofisticado y muy inteligente, que toma como modelos a los monarcas timuries de antaño. En el “Waqi’at-i-Shah Shuja”, se presenta a sí mismo como alguien decidido, valiente e indestructible, capaz de resistir todo lo que el destino le depare. Esta imagen, contrastada por los testimonios de otros escritores, contrasta de manera sorprendente, con la figura corrupta e incompetente, desdeñada por los engreídos administradores británicos, que primero le reinstalaron en el trono, como el heredero del Imperio durraní, para luego intentar marginarlo. Tampoco se corresponde, con la idea que se tiene de él en Afganistán actual, donde, tras más de ciento setenta años de propaganda y demonización barazaki, es un considerado un soberano colaboracionista y pusilánime. Shuja recreó a su alrededor, un mundo con una fuerte influencia persa, en el que la cultura y la educación, eran muy relevantes. No hay indicios, es cierto, de que el sha supiera pastún y, desde luego, no era es la lengua en la que se expresaba por escrito. Su realeza, al igual que la de los mogoles años antes, fue itinerante y, en muchos aspectos, puede ser considerado el último timurida: un soberano que gobernó un país, que todavía era la encrucijada de Irán, Asia Central, China e Indostán, y no la periferia montañosa, en la que más tarde se convertiría.

Pues eso.

(Continuará. En la foto, Shah Shuja)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

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