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EL PERIÓDICO
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La visión militar de la independencia de los Estados Unidos


Toma de Pensacola (1781), lienzo de Augusto Ferrer-Dalmau. Toma de Pensacola (1781), lienzo de Augusto Ferrer-Dalmau.

El primer derramamiento de sangre que produjo el proceso bélico de separación de las 13 colonias de Norteamérica de Gran Bretaña se produjo en Lexington, cerca de Boston, el 19 de abril de 1775. Sin embargo, no sería hasta el 4 de julio del año siguiente cuando los representantes de las colonias insurgentes, en su Segundo Congreso Continental, aprobaran la declaración de Independencia, que se alcanzaría por medio de una victoria en los campos de batalla con las fuerzas británicas o unionistas.

Esta guerra fue un largo conflicto que enfrentó a dos adversarios desiguales. Los americanos tuvieron que improvisar un ejército para luchar contra la mayor potencia militar del momento. Pero el valor y el entusiasmo de unos soldados bisoños no sirivió en muchas ocasiones para resolver la falta de instrucción y de disciplina frente a la veteranía del ejército británico.

Aunque ha tardado siglos en reconocerlo, la historiografía menos nacionalista la caracteriza como una Guerra Civil, pues colonos hubo en los dos bandos, y actualmente se reconoce la importancia de la internacionalización del conflicto. En efecto, la ayuda militar que envió el reino de Francia y la ayuda logístico, diplomática y militar de España fueron claves, antes y después del Tratado de Aranjuez, que se firmó tras la demostración que los británicos podían ser derrotados, al ser vencidos por los colonos en la batalla de Saratogal, el 17 de octubre de 1777. Asimismo, la constitución de una Liga de Naciones Neutrales en Europa aisló diplomáticamente a Gran Bretaña, por otra parte, enemistada con la mayoría de reinos continentales. De esa manera, no llegó madera desde el Báltico a Londres, muy necesaria para la construcción de buques; el Reino Unido quedó aislado y hubo de diversificar sus fuerzas; asimismo, varias islas de las Antillas cayeron en poder de los franceses.

La guerra se desarrolló en varias fases. Entre 1775 y 1777 se produjeron las iniciales victorias británicas, que provocaron reorganización de fuerzas continentales y victoria de Saratoga. A partir de 1778 hasta 1781, los británicos intentaron apoderarse del Sur, más fidelista. Tomaron Savannah avanzando hasta Charleston en Georgia, se instalaron en Carolina del Sur, rechazando una invasión de independentistas desde Carolina del Norte. Pero en 1779 los continentales vencieron en la batalla de Monmouth y rechazaron, al año siguiente, la invasión británica de Carolina del Norte, pero los continentales comenzaron a tener problemas internos de abastecimiento, de ahí la importancia de la ayuda exterior. Finalmente, en 1781, los británicos al mando de Cornwallis avanzaron hacia Carolina del Norte en busca de una batalla decisiva, pero se dejaron sitiar en Yorktown, lo que constituyó su mayor error y el final del conflicto por agotamiento. El 6 de septiembre, la derrota inglesa en la batalla naval de Chesapeake provocó la rendición de sus fuerzas el 19 de octubre de 1781.

El 3 de septiembre de 1783 se firmó por todos los contendientes la paz definitiva en Versalles. Gran Bretaña reconoció a sus antiguas colonias como estados libres, soberanos e independientes. Las fronteras de los nuevos estados quedaron fijadas en el paralelo 32 en el norte y el Misisipi por el oeste. Londres conservó el Canadá, pero hubo de ceder a Francia las islas de Tobago y Santa Lucía en las Antillas; España recuperó Florida y Menorca. Con la firma del Tratado de Versalles los Estados Unidos entraron en el concierto de las naciones libres y, por primera vez en la historia del mundo contemporáneo unas colonias sublevadas contra la metrópoli accedieron a la independencia.

En esta guerra, los colonos insurgentes formaron milicias y unidades de exploradores, que tenían experiencia bélica por su actuación en las guerras indias del siglo XVIII. El regimiento continental que más victorias logró fue el dirigido por Daniel Morgan (1736-1802), vestidos como hombres de la frontera, dotados con un rifle Kentucky Longe. Sin embargo, no pudieron inicialmente contra los ejércitos europeos en campo abierto, por lo que fundamental la organización de fuerzas continentales que se enfrentaran a los británicos de la misma manera, de ahí el papel tan importante de asesores extranjeros como el barón prusiano Von Steuben. El general Washington impulsó, asimismo, la creación de un servicio de información.

Enfrente, la infantería formó el grueso de las fuerzas británicas, la cual combatió con las tácticas del siglo XVIII, es decir, en líneas cerradas de alta capacidad de fuego a corta distancia, con descargas cerradas que eran devastadoras. Su caballería se reveló fundamental tanto para flanquear como para perseguir a fuerzas en huida, así como para controlar el gran territorio americano. En ese inmenso espacio, los gobiernos sólo lo podrían controlar si lograban desplazar fuerzas rápidamente, de ahí el papel clave de los jinetes. Asimismo, la caballería británica tuvo como misión evitar que el enemigo conociera las actividades de su propio ejército, descubrir su posición, fuerza militar e intenciones. El teniente coronel Banastre Tarleton "Bloody Ban" (1754-1833) fue un jefe de caballería famoso por su eficacia, pero también por su crueldad. Sin embargo, la desventaja inicial de los continentales en caballería sólo duró hasta 1779, cuando comenzó a despuntar el papel del coronel Henry Lee y los dragones de Virginia.

¿Qué lecciones se aprendieron de esta guerra? Los Estados europeos consideraron importante tener capacidad de trasladar sus fuerzas a los territorios en Ultramar, aunque ello requería la construcción y mantenimiento de flotas capaces de transportar y suministrar apoyo a esas fuerzas expedicionarias a través de enormes distancias. 11 de las 13 colonias contaron con fuerza naval de defensa, pero fue la flota francesa la decisiva sobre las unidades que aportaron los colonos. Por otra parte, quedó claro que las actividades militares lejos de Europa obligaban a una estrecha cooperación entre el ejército de tierra y la marina. Oficiales al mando de un Arma tendrían que tener autoridad suficiente para dirigir en la otra. La amplitud geográfica -desde Quebec al Caribe- fue inmensa incluso para Gran Bretaña y resultó un factor en su contra. Además, se subestimó al enemigo, Londres no esperó una guerra de asedios como en Europa, pero sucedió... y fue más común a partir de entonces en las guerras coloniales de los siguientes siglos.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.

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