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La ciudad del sol: una utopía sobre la felicidad humana


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

En la Calabria del siglo XVI que formaba parte del reino de Nápoles y, por lo tanto, de la Monarquía hispánica, nació Giovanni Domenico Campanella (1568-1639). Su nombre está asociado un libro -La ciudad del Sol (1623)- considerado la más importante utopía tras la famosa obra de santo Tomás Moro.

A los catorce años, Campanella solicitó entrar en la orden religiosa de los predicadores, cambiando su nombre por el de fray Tomasso, el convento dominico de Santo Domingo de Placanica. Estudió física, filosofía y teología pero se relacionó con círculos adictos a la magia, lo que le llevó con frecuencia a ser interrogado por la Inquisición y los agentes de la Corona. En 1591 Campanella su primera obra, Philosophia sensibus demonstrata, sufriendo después la primera sospecha de demonismo y herejía, siendo procesado por su propia orden al año siguiente. Se abrieron contra él otros cuatro procesos -en Roma, Florencia, Bolonia y Padua- siendo el cuarto el más polémico al contradecir los planteamientos de Aristóteles defendidos por el catolicismo. Por ello, fue encarcelado Tor di Nona en Roma por orden de los agentes inquisitoriales. Tras su libertad, se retiró al convento de Santa Maria de Jesús, aparentando una vida recogida y tranquila pero sin renunciar a su práctica de la astrología.

En 1599 escribió un proyecto de estado universal que estaría regido por la Monarquía hispánica, lo cual resultaba lógico teniendo en cuenta la amplitud territorial de los dominios de los Austrias españoles. Un imperio "donde no se ponía el sol" nunca, ya que administraba territorios en todos los continentes. Pero, más adelante, criticó la monarquía y propuso sustituirla por una república teocrática, proponiendo para lograr la independencia de su tierra que se pidiera ayuda al Imperio otomano. Que un fraile cristiano prefiriera aliarse con turcos musulmanes que con católicos españoles resultó un escándalo que le enfrentó a las autoridades del rey Felipe III. En consecuencia, Campanella fue encarcelado desde 1600 a 1626.

De esta manera, el fraile tuvo tiempo de escribir mucho, destacando el libro que más famoso le haría con el paso del tiempo: La ciudad del Sol. Escrito en latín, fue publicado por primera vez en Francfort. En el mismo, Campanella reconoció la deuda que tenía con sus inspiradores principales, Platón con su República y Tomás Moro con su Utopía (1516). Y es que, como ellos, Campanella pretendió reflexionar sobre cómo podría ser una sociedad donde los seres humanos fueran auténticamente felices en la tierra, sin esperar el paraíso celestial. Como ya se sabía en Europa que las Américas no eran -ni nunca lo habían sido- un lugar paradisíaco, decidió situar su propia utopía en Asia, en el sureste asiático, en una isla llamada Ceilán.

En su sociedad maravillosa, existía un jefe supremo que asumía el liderazgo tanto terrenal como espiritual, llamado "El Metafísico". El sistema político era una mezcla entre monarquía, aristocracia de sabios y sacerdotes, y democracia, al participar todos los ciudadanos en igualdad de la riqueza producida. El líder gobernaba con la ayuda de tres ministros llamados "Pon" (Poder), "Sin" (Sabiduría) y "Mor" (Amor). El primero se ocupaba de los asuntos bélicos y de la paz; el segundo de la educación y el último de los matrimonios y la procreación de seres humanos para que la descendencia fuera mejor que las generaciones anteriores. El gobierno se organizaba en torno a un Consejo del Pueblo en el que participan todos los ciudadanos de ambos sexos y que se reunía dos veces al mes. A su lado existía un consejo menor constituido por los oficiales mayores y por los líderes de las cuadrillas básicas de ciudadanos.

En dicha comunidad, la elección de pareja no era libre sino que cada hombre tenía que conformarse con lo que los instructores -o ayudantes de Mor- les concedieran. Y es que -según Campanella- las mujeres hermosas y sanas debían procrear con varones inteligentes y sanos, mientras las gordas debían ser destinadas a delgados y viceversa, para equilibrar el resultado. Eso sí, en dicha ciudad utópica no existían las diferencias de clase social, puesto que no existía la propiedad privada y el trabajo sólo ocupaba cuatro horas diarias. La distribución del mismo dependía de las habilidades de cada persona y la jubilación se alcanzaba a los 45 años, teniendo en cuenta las posibilidades de vida del siglo XVII.

Contrario a la tolerancia de varias religiones, Campanella adjudicó a su paraíso utópico una religión que era, esencialmente, el cristianismo inicial de los primeros creyentes de la Edad Antigua. Su economía conocía el uso de grandes máquinas movidas por vapor, sus comunicaciones se producían por el aire de tal manera que se anunció la llegada futura de los aviones y de los telegramas. La felicidad de esos hombres y mujeres se conseguía, en esencia, gracias a una armónica convivencia basada en la finalización de las diferencias económicas más que en el ejercicio de la libertad.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.


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