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Las Fuerzas Armadas españolas y el nuevo concepto de seguridad nacional


Como ya apuntamos en un artículo anterior, el reinado de Juan Carlos I (1975-2014) supuso para las Fuerzas Armadas un cambio que se resumió en tres conceptos fundamentales: liderazgo, integración en el nuevo ordenamiento constitucional y apertura hacia un nuevo concepto de la defensa nacional, con lo que ello implicó de renovación y modernización. Nos faltaba referirnos a este último punto.

El preámbulo de la Constitución de 1978 proclamó la voluntad de la nación española de colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la tierra. Se hacía preciso, pues, la participación española en un sistema colectivo de protección de la paz y de la justicia que, necesariamente, había de salir fuera de los límites de las fronteras nacionales. Este fue el primer peldaño hacia ese nuevo concepto de defensa nacional.

Durante la Guerra Fría, en el mundo se había abierto paso el concepto de “aldea global”, imponiéndose una reformulación de la idea de seguridad, que permitiera el libre desarrollo de los pueblos, asegurando la protección de los derechos individuales y colectivos. Desde este punto de vista, la defensa de los intereses españolas pasaba por una mayor participación fuera de los límites geográficos nacionales. Esta nueva política fue desarrollada por la UCD, el PSOE y el PP durante sus respectivos mandatos.

En el área de defensa, el esfuerzo se cristalizó en la entrada de España en la Alianza Atlántica y la Unión Europea Occidental, en la participación en misiones de paz y ayuda humanitaria bajo el patrocinio de las Naciones Unidas y, en los últimos años, de la OTAN. Tras la caída del comunismo en Rusia y Europa Occidental, a fines del siglo XX, el Gobierno del PP apostó por la plena integración de España en la Alianza Atlántica, incluida la entrada en la estructura militar, lo que automáticamente aumentó las cuotas españolas de decisión, mando y responsabilidad.

En un proceso paralelo, España se adhirió a la otra gran alianza defensiva, la Unión Europea Occidental (UEO), en donde jugó un papel destacado en el intento de configuración del instrumento militar que precisaba la Unión Europea para alcanzar la deseada identidad de defensa, proclamada inicialmente en Maastrich, dentro del objetivo de definir una política exterior y de seguridad común.

La sociedad española, a la hora de apreciar su política de defensa, continuó muy dividida en cuanto a su relación militar con los Estados Unidos. Los acuerdos con la mayor potencia del planeta fueron muy criticados por la izquierda, más partidaria de la integración europea (socialistas) o del neutralismo (comunistas). Desde la década de los años 80, se ha procedido a fomentar los lazos europeos, desligándose paulatinamente de mayores compromisos militares con Estados Unidos. Sin embargo, la I Guerra del Golfo (1990-1991) y la II Guerra (2002) demostraron que no resultaba tan fácil al gabinete español desentenderse de la petición de apoyo logístico de los estadounidenses.

A comienzos del siglo XXI, las Fuerzas Armadas continuaron con su camino de modernización y adaptación contemporáneo, revisando todo el sistema de amenazas presentes o potenciales: el despertar violento de soterrados nacionalismos victimistas y excluyentes con reclamaciones territoriales, la proliferación de una carrera de armamento en algunos países, el fanatismo religioso, el racismo, la inestabilidad que provocan los grandes desequilibrios económicos y sociales, que siguen aumentando, el terrorismo y el tráfico de drogas internacionales…

Tras la Guerra Fría, se abrió un periodo llamado Nuevo Orden Internacional, definido por la existencia de una sola superpotencia -Estados Unidos-, un actor universal -ONU-, varias potencias imposibles de obviar -China, Rusia, India- y el resto de naciones. Para algunos historiadores, este periodo finalizó en 2001 con el atentado a las Torres Gemelas, abriéndose una nueva fase histórica, caracterizada por el deseo de Estados Unidos de reordenar Oriente Medio, la nueva revitalización internacional de Pekín y Moscú, unido a la existencia de un nuevo terrorismo internacional que, con sus formas de hacer la guerra, afianzó el concepto de seguridad anteriormente señalado. Y así Europa se sintió que no tenía una amenaza definida, pues ésta había sido sustituida por focos de riesgo multidireccionales y de variadas facetas. Los atentados terroristas del islamismo radical en varios países europeos variaron el sentimiento de seguridad y ganó terreno la idea de que, para defender el territorio europeo, había que intervenir militarmente fuera del mismo.

Paralelamente, durante estas últimas décadas, la respuesta de España a las peticiones de contribución en Misiones de Paz -realizadas siempre en la forma y entidad que determina el Gobierno- ha sido clara y creo que motivo de orgullo para el pueblo español. Nuestros soldados, marinos y aviadores, a los que en muchas ocasiones se han unido guardias civiles, han dado ejemplo de eficacia, de entrega y de generosidad en dar esperanzas de paz y de aliviar el sufrimiento de seres humanos en tierras desgarradas por el odio o por desastres naturales, unas veces como observadores de frágiles acuerdos de paz, otras como fuerzas de interposición, otras colaborando a bloqueos, otras llevando o protegiendo la llegada de ayuda humanitaria, o levantando campos de minas y rehabilitando puentes o desarmando guerrillas y bandas incontroladas, o estableciendo campamentos de acogida y hospitales, o controlando zonas o, cuando ha sido preciso, interviniendo en acciones armadas que el mando juzgó precisas para alcanzar la paz…Angola, Mozambique, Namibia, El Salvador, Nicaragua, Guatemala, Honduras, El Golfo Pérsico y el Adriático, el Kurdistán, Bosnia, Albania y Kosovo pueden dar buena fe de ello.

El lector interesado puede acudir a

-Alonso Baquer, Miguel, ¿En qué consiste la estrategia?, Madrid, Ministerio de Defensa, 2000.

-Platón, Miguel, Hablan los militares. Testimonios para la historia (1939-1996), Barcelona, Planeta, 2001.

-Real Academia de Doctores, El Estado de España, Madrid, Borealia, 2005.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.

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