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EL PERIÓDICO
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Historia universal e historia nacional en España


Obra titulada Por España y por el rey, Gálvez en America, donde se muestra al militar español Bernardo de Gálvez durante la Batalla de Pensacola. Obra titulada Por España y por el rey, Gálvez en America, donde se muestra al militar español Bernardo de Gálvez durante la Batalla de Pensacola.

Es una realidad que la mayor parte de los historiadores en la Universidad española están especializados en el pasado de nuestra nación, en unos años o siglos determinados, en un ámbito geográfico -mayor o menor-, en una rama económica, política, social, militar, etc. Pero aún faltan -a diferencia de las universidades europeas- grandes especialistas en historia extrapeninsular. Sobre el pasado portugués tenemos reconocidos especialistas como Hipólito de la Torre o Juan Carlos Rodríguez.

Bien es cierto que en el siglo XVIII se desarrollaron los estudios de historia de España por impulso del poder político, a través de la creación y financiación de la Real Academia de la Historia, y por influencia europea, ya que en otros reinos también primaron los estudios de historias nacionales. Por iniciativa de algunos historiadores eclesiásticos se elaboraron ciertos compendios de Historia universal como continuación de la Historia sagrada. La obra del padre Flórez, en este sentido, fue un éxito pues su “Clave Historial” tuvo ocho ediciones, aunque fundamentalmente era casi una cronología, pero su aspecto novedoso favoreció su acogida.

En España se desarrolló un cierto interés por la historia de otros países europeos entre los grupos ilustrados como el Imperio ruso - sobre todo en la primera mitad del siglo XVIII- China, Japón u otros países lejanos. En Francia, Voltaire y Montesquieu trataron de impulsar la historia universal o, al menos, reflexionar al respecto para obtener una explicación general del pasado. Pero, pese a todo, los ilustrados españoles volvieron a primar la historia nacional en la segunda mitad del citado siglo, reivindicando la riqueza cultural hispana, aunque algunos se atrevieron a realizar algunas obras de historia comparada, como los hermanos Moedano, el padre Lampillas, aunque la mayoría fueron estudios literarios.

A partir de 1789, la revolución francesa aumentó el interés por esta nación y su proceso político pero el miedo a su extensión en España motivó al gobierno del ilustrado Floridablanca a imponer la censura y el control de los panfletos que provinieran del país vecino. Sin embargo, a partir de entonces y durante el siglo XIX, este acontecimiento –que marca, entre otros, los inicios del Mundo Contemporáneo- encontró un notable interés en el público español, editándose a partir de entonces numerosos estudios sobre Historia extrapeninsular.

Durante el reinado de Isabel II, la Historia Universal se engarzó en el sistema educativo español, sobre todo entre 1838 y 1857, debido a las leyes liberales, junto a la Historia de España, que ya había sido impuesta como materia de estudio en el reinado de Carlos III. Tanto en educación primaria, como secundaria y universitaria aparecieron las asignaturas de Historia que todavía forman parte del sistema educativo de nuestro país. Con ello, la necesidad de editar manuales de historia universal para su estudio en las aulas hizo que algunos españoles comenzaran a escribir, además de Historia de España, algunos temas de universal, traduciendo especialmente a autores franceses, ingleses, italianos y alemanes.

En el siglo XX continuaron primando los estudios de Historia de España entre los investigadores profesionales y aficionados, entre los políticos y los profesores universitarios. Las Guerras Mundiales, la Revolución rusas, los totalitarismos y la Guerra Fría motivaron la aparición de libros y volúmenes para satisfacer la demanda del público interesado, pero apenas hubo especialistas españoles en historia universal contemporánea, con lo que la Universidad dependió, nuevamente, de autores, manuales y libros extranjeros.

Pese al impulso de las carreras de Filología Francesa, Inglesa y Alemana, su estructura académica no fomentó la aparición de especialistas en historias nacionales sino de lingüistas e investigadores en literatura extranjeras, más que historiadores, siendo la excepción Filología Clásica. Muchos investigadores en latín y griego terminaron siendo reputados catedráticos de Historia Antigua. A comienzos del siglo XXI, en un Congreso sobre los estudios de Historia Universal en España, celebrado en Valencia en 2004, se subrayó todavía la dependencia de autores extranjeros a la hora de acercarnos a la historia contemporánea universal, la escasa ayuda que recibían los becarios españoles que decidían hacer su tesis y su especialización en algún tema de historia extrapeninsular, a diferencia de los hispanistas británicos, franceses o norteamericanos.

Por ello, aún hoy queda mucho por hacer en España, en este sentido, aunque por lo menos ya no tenemos tanta dependencia de manuales extranjeros a la hora de estudiar historia universal, gracias a los de Javier Paredes, Alfredo Floristán, Fernando García de Cortázar, Salvador Claramunt, José Manuel Roldán o los de historia de las relaciones internacionales de Juan Carlos Pereira Castañares, de reconocida solvencia.

El lector interesado puede acudir a

Guillermo Gortázar (coord.), Bajo el Dios Augusto. El oficio de historiador ante los guardianes parciales de la Historia, Unión Ed., 2017.

Milagrosa Romero Samper, Por qué y para qué la historia. Los trabajos de Clío, ediciones 19, 2018.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.