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Un hombre de frontera en la presidencia de los Estados Unidos: Andrew Jackson


A comienzos del siglo XIX, los avances territoriales que sintieron los Estados Unidos hacia la frontera del Oeste nativo se dejó sentir a finales de la década de los años veinte en la dinámica interna de los partidos políticos. Se consolidó un bipartidismo que ha llegado hasta nuestros días, de una manera u otra. Un típico representante de ese espíritu colonizador, fue el general Andrew Jackson (1767-1845) , con el apoyo de los demócratas renovados, ganó las elecciones de 1828. Este presidente había participado en la guerra de la Independencia (1774-1783) desde muy joven, hecho que marcó su carácter fuerte, a veces brutal, debido a las condiciones de vida tan extremas que sobrellevó, propias de un "hombre de frontera".

Tras la independencia de las 13 colonias respecto a Gran Bretaña, estudió derecho y fue magistrado en Nashville, en Tennessee. Elegido representante de este estado sureño, amplioó sus actividades a los campos agrícolas y comerciales, participando en la segunda guerra contra Gran Bretaña, obteniendo una señalada victoria en Nueva Orleans (1815). Tres años más tarde dirigió una campaña contra los indios seminolas y ocupó Pensacola, en el golfo de México, provocando las negociaciones de venta de la Florida entre el gobierno español y el estadounidense. Convertido en el primer gobernador del nuevo estado, en 1823 fue elegido senador, emprendiendo su campaña por lograr ocupar la Casa Blanca. En 1828 ganó las elecciones presidenciales, arrebatando el poder a los representantes de la oligarquía aristocrática del Este, lo que demostró la capacidad de ese sistema político para democratizarse. El general Jackson, gran admirador de los principios defendidos por Thomas Jefferson, inició una política de consolidación democrática de la política norteamericana. Ganó sus segundas elecciones a la presidencia en 1832, consiguiendo que, al terminar su mandato, fuera sucedido por su vicepresidente, Van Buren. Hasta su muerte en Hermitage, cerca de Nashville, el 8 de junio de 1845, Andrew Jackson conservó una decisiva influencia en su partido y, en consecuencia, sobre los destinos políticos de su patria.

Durante sus dos mandatos, sus colaboradores aportaron a la política norteamericana otro estilo, calificado de “demócrata” por la mayor parte de sus críticos. Este aire innovador afectó a la estructura de todos los partidos, ensanchando su base electoral para relegar paulatinamente de la imagen del cacique local. El vacío dejado por el notable lo ocupó, poco a poco, el político profesional aunque no por ello dejó de utilizar mecanismos de control caciquiles. En esas décadas del siglo XIX, surgió una nueva costumbre política basada en que, tras su victoria electoral, el partido tenía el derecho de colocar a sus fieles en puestos claves de la administración y la alta política. Los historiadores marcan el inicio de la generalización del spoils sistem, poco preocupado por la capacidad técnica del candidato, al preferir su militancia política a su cualificación profesional, lo cual conllevaba numerosos riesgos para el buen funcionamiento de la administración. Desde un punto de vista social, se creó la conocida figura del cesante, aunque en el mercado norteamericano, dadas las posibilidades prácticamente ilimitadas de obtener trabajo, el funcionario cesante no generó un problema social como ocurrió en otras naciones, como, por ejemplo, en la España del siglo XIX. Jackson, recogiendo el espíritu pionero y colonizador del Oeste, remodeló su partido y surgió así el Partido Demócrata (1829) que monopolizó prácticamente el poder hasta las vísperas de la Guerra Civil.

Entre las medidas más importantes tomadas bajo la presidencia de este típico hombre de frontera, destaca la supresión del Banco Nacional de los Estados Unidos y el aumento del proteccionismo económico. El Banco Nacional, fundado en 1817, sirvió para estabilizar la circulación monetaria y facilitar la actividad comercial. Sin embargo, los pequeños bancos locales, e incluso algunos a nivel estatal, lesionados por una competencia desigual, denunciaron como anticonstitucional su gestión ante la opinión pública. El Partido Demócrata aprovechó esta baza presentándose como defensor de los productores honestos y trabajadores humildes frente a las tendencias monopolistas y aristocratizantes de la élite social. Así, el presidente Jackson, tan pronto como llegó a la Casa Blanca, retiró todos los fondos gubernamentales del Banco Nacional, trasmitiéndolos a los bancos locales, cuyo número se triplicó gracias al apoyo del gabinete. El siguiente paso fue destruir esa entidad financiera, de manera que Estados Unidos careció de un Banco Nacional hasta 1913. Por otra parte, las medidas proteccionistas se acrecentaron durante su presidencia, pues en si bien en 1816 el gobierno había establecido unas realzadas tarifas aduaneras, éstas fueron acrecentadas en 1828 mediante un arancel totalmente prohibitivo para ciertos productos, pese a lacerar los intereses de los exportadores del Sur en beneficio de la industrial textil del Norte. Los siguientes gobiernos demócratas mantuvieron estas líneas políticas, favoreciendo tanto la democratización de los estados como el avance colonial de la frontera.

Los republicanos que no se integraron bajo la bandera jacksoniana constituyeron el Partido Republicano Nacional (1832), pronto conocido como Partido Whig, bajo la dirección de H. Clay, cuya orientación fue de nuevo proclive a favorecer la centralización, logrando, en algunas ocasiones, la presidencia. En 1856, en una asamblea celebrada en Pittsburg y en la convención nacional de Filadelfia, varios grupos dispersos de republicanos se organizaron en un moderno Partido Republicano, dispuestos a luchar por desbancar del poder a un desgastado Partido Demócrata, aunados por un triple sentimiento nacionalista, antiesclavista y prohibicionista. Desde un punto de vista social se nutrieron de industriales del noroeste y exfederalistas hamiltonianos. Su primera gran victoria electoral se produjo al situar en la presidencia a Abraham Lincoln (1861-1865), mientras que su primer problema fue hacer frente a las tendencias secesionistas de los estados del Sur, enfrentándose en un duro conflicto civil que sangró la nación.

El lector interesado puede acudir a

ALARCÓN CABRERA, C., Historia electoral de los Estados Unidos, Barcelona, 2005.

HERNÁNDEZ SÁNCHEZ-BARBA, M. Historia de los Estados Unidos de América. De la República burguesa al poder presidencial Madrid, 1997.

MORAL RONCAL, A. M., "La independencia de los Estados Unidos y su evolución", en J. Paredes (coord.), Historia Universal Contemporánea, Barcelona, 2006, pp. 42-59.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.