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EL PERIÓDICO
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Los carlistas ante Madrid: la Expedición Real (1837)


Como concluimos en un artículo anterior dedicado a las expediciones legitimistas durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840), la liderada por el propio pretendiente al trono fue la más importante de todas ellas. Sus motivaciones se encuentran en el miedo que la reina regente María Cristina tuvo tras la revolución de 1836 y la subida al poder de los liberales progresistas, por lo que inició negociaciones -a través del gobierno de Nápoles- para ceder la corona al pretendiente, con una serie de condiciones: el matrimonio de su hija Isabel con el hijo de don Carlos, el mantenimiento del título de reina viuda y la concesión de perdón a quienes, en el bando isabelino, habían defendido su candidatura pero no ideas revolucionarias. Para ello resultaba necesario que don Carlos, con su ejército, se acercara a Madrid.

De esa manera, tras unas semanas de preparativos, el 20 de mayo de 1837 partió de territorio carlista una gran expedición militar formada por 10.780 soldados y 1.200 jinetes, al frente de la cual se encontraba el pretendiente, su sobrino el infante don Sebastián Gabriel, sus ministros y más de treinta generales, seguros de que el fin del conflicto bélico se encontraba próximo. Cuatro días más tarde, en los alrededores de la ciudad de Huesca, el ejército legitimista venció a las tropas liberales comandadas por el general Iribarren, virrey de Navarra. El 27 llegaron a Barbastro donde se les unieron dos mil carlistas catalanes. Penetraron en el Principado, atravesando Solsona y el Levante, llegando el 11 de julio a Valencia. El 24 de agosto se produjo una nueva batalla en Villar de los Navarros entre los dos ejércitos, con un evidente saldo favorable a los carlistas que lograron capturar a tres mil prisioneros, muchos de los cuales se incorporaron a las filas legitimistas. La moral de los carlistas se elevó, de tal manera, que, seis días más tarde, emprendieron la marcha hacia Madrid.

Los liberales decidieron preparar la Villa y Corte para el combate. El aspecto normalmente bullicioso de la capital se transformó en poco tiempo, pues la mayor parte de tiendas y talleres cerraron, el comercio se paralizó y la población apenas circuló por las calles. Las tapias fueron coronadas por soldados y milicianos nacionales, el cuerpo armado del progresismo. Las autoridades se dirigieron a los madrileños, intentando difundir confianza en el ejército y en la fuerza del gobierno. El día 12 de septiembre se presentó ante Madrid el ejército carlista con su monarca al frente, en el mismo portazgo de Vallecas, y allí esperaron.

Tras unas pequeñas refriegas y ante el asombro de los milicianos nacionales y soldados, la Expedición Real descartó la toma de la capital. ¿Por qué don Carlos ordenó la retirada? No fueron motivos militares, sino políticos, los que habían dado origen esta operación, por lo que esas mismas motivaciones fueron decisivas para su fracaso. Al cabo de unas horas de espera, los pocos dirigentes carlistas que se encontraban al tanto del proyecto de transacción debieron comprender que, por el motivo que fuese, la regente María Cristina no se iba a presentar en sus filas. Resulta cierto que los carlistas hubieran podido atacar Madrid pero los riesgos habían aumentado, pues un ejército liberal al mando del general Espartero se encontraba tan sólo a una jornada de la capital. Por lo tanto, en ese corto espacio de tiempo debían acabar con todos los focos interiores de resistencia en Madrid y tener las tropas dispuestas para un nuevo combate frente a las que llegaban frescas contra ellos.

Algunos mandos carlistas decidieron jugársela y propusieron atacar pero don Carlos se negó. ¿Cómo respondería el pueblo madrileño ante la entrada de su "monarca legítimo" en medio de la sangre y la violencia? En 1808 y 1814, Fernando VII había entrado pacíficamente, en medio de grandes manifestaciones de apoyo popular. Sólo José I y Napoleón habían atravesado la capital en medio de la indiferencia y el resentimiento, y al propio emperador francés le había costado tres días conseguir la rendición de la Villa. Se rechazó también el plan de presentar batalla en Alcalá de Henares y, desde ese momento, los carlistas se declararon en franca retirada hacia sus bases vascas y navarras donde llegaron en sus semanas. Las consecuencias de los sucesos de Madrid fueron muy trascendentales. La retirada de la Expedición Real fue una noticia que animó a las fuerzas isabelinas, dividiendo a los carlistas por el contrario que se sintieron defraudados por las decisiones de sus mandos. Con este fracaso, la Primera Guerra Carlista cerraba una importante fase y abría la última aunque tardaría todavía tres años en alcanzarse la paz.

¿Por qué María Cristina no se presentó ante las fuerzas carlistas? En los últimos meses la regente pudo comprobar que aún podía contar con la adhesión de un importante sector del ejército; su segundo marido, el duque de Riansares y su hermana, la infanta Carlota, ejercieron presión sobre ella para impedir que realizara ese peligroso paso político. Por otra parte, ¿cómo hubieran reaccionado el infante don Francisco de Paula y su esposa, Luisa Carlota, ante la marcha de sus sobrinas y María Cristina con don Carlos? Tal vez hubieran reclamado el trono, recibiendo el apoyo de militares liberales y de políticos progresistas con los que mantenían relación. Factor al que se puede añadir las victorias militares de Espartero en la guerra que tal vez hicieron retroceder las expectativas de un triunfo de don Carlos, con el cual se hundirían María Cristina y sus hijas, si las tropas carlistas no lograban batir a las liberales.

El lector interesado puede ampliar conocimientos sobre este hecho en:

Alfonso Bullón de Mendoza, Auge y ocaso de don Carlos. La Expedición Real, Arca de la Alianza, 1986.

Antonio Moral Roncal, Las guerras carlistas, Sílex, 2006.

Profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.