Tristán Marof y el triunfo laborista de 1924
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Tristán Marof (1898-1979) fue un escritor, pensador, político y hasta diplomático boliviano, cuyo verdadero nombre fue Gustavo Adolfo Navarro Ameller, siendo un destacado marxista americano. En este artículo rescatamos su visión de la victoria laborista de 1924, dentro de su etapa europea. Supone un interesante contraste con la visión favorable que hemos visto del laborismo en los años veinte por parte del socialismo español, asunto que hemos tratado, y seguiremos tratando en El Obrero.
Marof publicó en La Revista Blanca un artículo titulado “El Labour Party en el Poder”, en febrero de 1924.
Marof explicaba que la llegada al poder de los laboristas había generado muchos comentarios en la opinión pública. Para los conservadores era la revolución que, pacíficamente, habría conquistado el poder y que poco a poco haría una labor confiscadora. Pero, ya en esos primeros momentos del artículo comenzamos a comprobar la opinión del escritor boliviano, ya que califica a los laboristas como “moderados socialistas”, pero sigamos con el análisis que hace de la repercusión de este cambio político en Gran Bretaña. Al parecer, en Inglaterra se había llegado a comparar a MacDonald con una suerte de Kerensky. También se habría afirmado que en sí MacDonald no era “peligroso”, pero que detrás de él se encontraban las fieras “wuildmen”. En todo caso los conservadores “constitucionalistas” con Baldwin a la cabeza, habían declarado que en la oposición no formarían un “partido faccioso”, lo que habría alegrado a los laboristas.
Por su parte, los liberales, que implícitamente habrían contribuido a la llegada de los laboristas al poder, estaban contentos y se estaban acercando al Partido Laborista. Tristan Marof contaba que Lloyd George, al que consideraba un “astuto político”, y que hacía unos meses criticaba con dureza a los laboristas, ahora les tendía una mano. Por su parte, el viejo liberal Asquith rechazaba los pactos con los conservadores, y hacía oídos sordos a las quejas sobre la suerte del país porque íntimamente estaba seguro de que los laboristas, en el momento en el que quisieran poner en marcha sus planes, serían echados del poder con facilidad porque eran minoría, como bien, recordaba nuestro autor.
Por su parte los socialistas (Tristán Marof casi siempre los nombraba así) estaban muy contentos, y habían formado un gabinete que, para gran sorpresa de los trabajadores, contaba con tres lores, antiguos liberales y hasta un conservador. Con esta “mescolanza”, el Labour Party habría debutado.
Y aquí comenzaba la crítica a los laboristas. Habrían llegado al poder de la misma forma que el resto de partidos, con las mismas reglas, el mismo “protocolo jerárquico y el besamanos al rey”. Podría ser que esta, calificada por él como sumisión a las viejas costumbres, y la composición del primer gobierno laborista se debieran a que los laboristas no tenían mayoría en el Parlamento, quizás también obedeciera a una táctica política, o que el laborismo, como en una “boutade” pronosticó Anatole France, pasaría del conservadurismo al socialismo con “lores, cuernos de caza, rey, pelucas y atributos”, lo que, a juicio de nuestro protagonista, no dejaba de ser divertido.
Pero, realmente, Tristán Marof quería dejar claro que los laboristas eran solamente unos socialistas moderados, defensores de que la transformación del hombre se podría alcanzar por “evolución lenta”. Ironizaba con esto, ya que afirmaba que partiendo de este primer gobierno de 1924, el hombre podría llegar a un cierto grado de comunismo efectivo en 2024, algo, a todas luces, desalentador.
Los laboristas eran unos socialistas que para subir al poder habrían realizado, en opinión de nuestro autor, una serie de evoluciones y equilibrios, eso sí, constituían un ejercicio de habilidad que había que reconocer. Primero habían sido políticos de izquierda, de ideas “revoltosas” y tenidos como un peligro. Con el tiempo, la edad y la experiencia habrían evolucionado de tal forma que, aunque mantenían las ideas “en el corazón”, habían renunciado a las “sacudidas violentas, a los discursos incendiarios” y hasta veían con condescendencia la opinión “burguesa” y con displicencia al “bolcheviquismo”, aunque esto no era obstáculo para que en Gran Bretaña los laboristas fueran calificados de “terribles rojos”.
Marof terminaba con Lenin (citaba, su obra “La enfermedad del izquierdismo en el comunismo”), cuando el líder bolchevique había recomendado ayudar por todos los medios a los laboristas para que subieran al poder, porque contaban con la mayoría de la opinión de la clase obrera, pero esa misma opinión se convencería muy pronto de la “traición”, de que la política que emprendían los laboristas era burguesa, y ese era el momento en que los socialistas de izquierda debían denunciar a los que habían subido al poder.
El artículo se encuentra en el número del 15 de febrero de 1924 de La Revista Blanca. Si quisiéramos consultar alguna obra de Tristán Marof podemos acudir al archivo de Marxists Internet Archive (Marxists.org).
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.