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Los socialistas y el papel de España en la Conferencia de Desarme de 1932


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

“…la España republicana, por mediación del señor Zulueta, ha dado una voz de lealtad pacifista.”

Aunque hay trabajos sobre la política internacional de la Segunda República, no es este un tema que haya sido prioritario para la historiografía, aunque, bien es cierto que ante la envergadura de las cuestiones a tratar en este breve pero intensísimo período de la historia contemporánea española puede parecernos normal esta menor atención. Pero creemos que no es un tema tan secundario como podríamos suponer. Dentro de sus limitaciones el régimen republicano desarrolló un papel más protagonista en el ámbito internacional, además de comprometerse con las causas de la paz, el desarme y la diplomacia desarrollada desde la Sociedad de Naciones. El artículo sexto de la Constitución proclamaba la renuncia de España al uso de la guerra como instrumento de política nacional.

España participó en la Conferencia de Desarme que comenzó en febrero de 1932, y donde se sentaron los estados miembros de la Sociedad de Naciones, Estados Unidos y la URSS. Fue un fracaso. Si Francia seguía temiendo el poder de Alemania, fue remisa a que se aprobaran limitaciones de armamento, mientras Alemania proclamaba su derecho a que fuera tratada como otra potencia también en este ámbito, amenazando con rearmarse. El desarrollo posterior de los acontecimientos de los años treinta, de sobra conocidos, confirmaría el fracaso de todo intento de limitar la proliferación de armamentos.

¿Y España? Pues defendió el pacifismo y el desarme de la mano de su ministro de Estado, Luis de Zulueta. Los socialistas analizaron ese papel desde su principal órgano de prensa, y desde una posición claramente favorable.

El Socialista informaba de que Zulueta había sido felicitado después de su discurso, por lo que el papel de España en Ginebra había sido muy positivo. Los socialistas valoraban que la llegada de la República había traído el fin de la vieja diplomacia monárquica. En este sentido, en El Obrero tenemos un trabajo donde analizamos los cambios diplomáticos que defendió el PSOE anteriormente a la llegada del nuevo régimen. Había surgido otro estilo, y Zulueta lo habría demostrado.

El discurso de Zulueta plasmaba el espíritu de la nueva Constitución, pero, además, había sido una intervención franca, porque el ministro había afirmado que más que nuevos textos España deseaba ver los antiguos menos olvidados, más acatados, menos “interpretados” porque, según el periódico obrero en la interpretación de los textos estaba la clave de la “diplomacia enredadora”. Era la primera vez que el Gobierno, por medio de uno de sus representantes, había dado a conocer el sentido pacifista de la nueva Constitución, y el reconocimiento de la Sociedad de Naciones.

España defendía, según Zulueta, un programa de desarme audaz, aunque no utópico; en el mar: reducción de flotas hasta un mínimo necesario para la vigilancia de las costas, neutralización de los estrechos y contribución nacional a la flota de policía internacional; y en el aire; supresión absoluta de la aviación militar e internacionalización de la comercial.

Zulueta, además, había condenado la guerra y había expresado la convicción de que el incumplimiento de los tratados se derivaba del escepticismo tácito acerca de su valor ejecutivo. Por eso el ministro había solicitado fe en los tratados, además de expresar que era inútil dotar a la Sociedad de Naciones de fuerzas materiales si se les negaba la fuerza moral indispensable.

Sobre la política internacional de la Segunda República contamos con un trabajo, disponible en la red, para el primer bienio, que es el que aquí nos ocupa, de Ismael Saz, “La política exterior de la Segunda República en el primer bienio (1931-1933): una valoración”, Revista de Estudios Internacionales, vol. 6, nº 5 (1985), pps. 843 y ss. Un trabajo más reciente lo tenemos de la mano de José Luis Neila, “La política exterior de la España republicana (1931- 1936): excepcionalismo y normalidad historiográfica”, en Studia Storica. Historia Contemporánea (Universidad de Salamanca), Vol. 22 (2004) (en a red). Como fuente hemos empleado el número 7183 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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