La guerra mediática sobre los refugiados: el caso de los belgas en la Gran Guerra
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Como es sabido, Bélgica sufrió la ocupación alemana en la Primera Guerra Mundial provocando la huida de muchos refugiados a Países Bajos, Francia y Reino Unido.
Los alemanes procedieron a deportaciones de obreros belgas. En España este hecho indignó a los socialistas que protestaron y elevaron dichas protestas al Gobierno para que intentara influir en el alemán. Los obreros belgas se dirigieron al mundo para denunciar la situación y el destacado político socialista Émile Vandervelde también se movilizó.
Pues bien, los alemanes eran conscientes de que estas acciones generaban una clara indignación ya no sólo en los países enemigos combatientes sino también en los estados neutrales. En cierta medida, contraatacaron. Un diario suizo de Zúrich publicó que el Gobierno británico habría transportado de forma sistemática a los refugiados belgas en Holanda y Francia a Inglaterra y los había repartido de “buen grado” o la fuerza en las fábricas de municiones donde recibían salarios inferiores a los que ganaban los trabajadores locales y donde se les sometía a una supuesta vigilancia muy severa con duros castigos cuando cometían faltas. Los obreros belgas solamente podían librarse de este severo régimen si se alistaban en el ejército.
La Oficina Belga en Londres, al tenor de estas informaciones, tomó cartas en el asunto y elaboró distintos informes. La misma no tardó en desmentir lo publicado. Ningún obrero belga había sido obligado a trabajar en Inglaterra. Los obreros belgas que no tenían trabajo podían recurrir a las Sociedades donde había miembros de la Oficina belga que les buscaban colocaciones. Es más, para evitar cualquier explotación la contratación de un obrero belga se realizaba después de una información para ofrecerle garantías y velar porque recibieran los mismos salarios que estipulados para los trabajadores británicos. Se habían elaborado reglamentos para impedir toda pérdida de producción y el sabotaje cuando el obrero abandonaba un centro de trabajo sin motivos justificados, además de que dicho trabajador podía llevar su caso a los tribunales.
En general, los trabajadores belgas podían cambiar de fábrica para buscar un mejor salario o porque desearan trabajar en una ocupación más propia de su especialidad. Para ello necesitaban un certificado y lo conseguían con facilidad, sin que se generasen problemas con los empresarios.
También se había demostrado la igualdad salarial entre los británicos y los belgas.
Además, no había campos de concentración para los refugiados belgas. Se habían habilitado los asilos de Earl Court y Eimonson donde residían familias que no podían trabajar. Allí vivían gratuitamente y disponían de distintos servicios. Había escuelas con maestros belgas y había algunos asilados que trabajaban en obras de poca importancia recibiendo una retribución.
Ningún belga estaba obligado a alistarse en el ejército belga ni en el británico.
Como hemos aludido, la institución que garantizaba los derechos de los trabajadores refugiados belgas era la Oficina Belga del Trabajo, que mantenía estrechas relaciones con el Gobierno británico y con la Embajada de Bélgica. También estaba en contacto con los sindicatos británicos. La Oficina intervenía en los posibles conflictos laborales con los empresarios, un servicio de asistencia judicial gratuito, y un servicio de previsión.
Además, se instituyó un Comité Oficial Belga dedicado a velar por los intereses generales de los refugiados.
Hemos consultado el número 2799 del 18 de enero de 1917 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.