Talleyrand. La Venus suplicante. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
La vida de Talleyrand es muy rica en acontecimientos que discurren paralelamente a diversos niveles, como los motivos de una fuga musical en la cual dos, tres, cuatro, a veces cinco voces se cruzan y entrecruzan una y otra vez, superponiéndose unas a otras con diferente intensidad y continuas variaciones. Uno de esos temas, sin embargo, merece una atención especial por la repercusión que tuvo en la vida íntima del mismo y, por la relación posterior con su patrón Bonaparte. Nos referimos a la irrupción, en su ya de por si complicada existencia, de una mujer que nada tenía que ver con las damas que ya anteriormente hemos mencionado. Sucedió poco antes del golpe de Brumario, cuando Charles-Maurice era todavía ministro de Asuntos Exteriores del Directorio.
Un día de marzo de 1798 una hermosa emigrada francesa, que había vivido parte de su vida en la India y parte en Londres, se presentó en su casa llorando. Poco antes de su entrada en escena, el Directorio había sido informado de que una tal Madame Grand, de origen inglés, mantenía una correspondencia poco patriótica con cierto exvizconde Lambertye, exoficial de la guardia francesa que vivía en Inglaterra y, se le consideraba próximo al conde de Artois, el futuro Carlos X. Enseguida empezaron a sospechar que se trataba de una espía de la pérfida Albión. En alguna de sus cartas se refería a cierto personaje, al que daba el nombre de pied court, en el que creyeron reconocer a Talleyrand. Inmediatamente se cursó una orden de arresto contra aquella belleza cuyas formas excelsas y cabellera rubia parecían una creación del mismísimo Tiziano.
Sobre los orígenes de su relación con el antiguo abbé, existen muchas dudas aún no resueltas. Es posible que Talleyrand la hubiera conocido años atrás en Londres, en sus tiempos de exiliado. Otros sugieren que la conoció en Hamburgo, ya de vuelta de América. Este encuentro previo, podría explicar que la dama, sabiéndose en peligro en París hubiera ido a pedir protección al ministro. En cuanto lo tuvo delante, se arrojó a sus pies y le explicó que la policía la estaba persiguiendo por sospechosa de conspirar contra la República. La escena dejó pasmado a Charles-Maurice. El hecho de que la dama hubiese crecido en la India, una tierra que ejercía sobre él una enorme fascinación, no hizo sino incrementar su interés por la suplicante.
El abbé tenía ya 45 años y, aunque no había perdido su natural distinción, su incipiente gordura y la flacidez de sus facciones, había reducido notablemente el atractivo que en otro tiempo pudiera tener. El azar quiso pues, que la “indiana” llegara en el momento propicio.
Pues eso.
(Continuará. )
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.