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Capitán Richard F. Burton. Mi rey y mi Dios. VIII


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Como adelantamos en el anterior artículo, Richard Monckton Milnes, fue uno de los primeros admiradores y más fervientes admiradores de las hermanas Brontë. Conmovido por la pobreza en que vivía Charlotte Brontë, consiguió que, sin que nadie lo notara, aumentar el estipendio anual que percibía su padre el reverendo Arthur Nicholls, de modo que pudiera así casarse con ella.

El propio Milnes había aspirado a casarse con Florence Nightingale, pero tras cortejarla durante cinco años, ella se marchó para dedicarse a sus conocidas causas humanitarias. A ella siempre le había agradado Milnes, entre otras cosas por el apoyo que dio sin alharacas ni condiciones, a diversos reformatorios juveniles. Milnes no contrajo matrimonio hasta que su novia, la hermosa, inteligente, neurótica y solitaria Annabel Crewe, pasaba ya de los cuarenta. Los más conocidos poetas de Inglaterra, acudieron a los salones de Milnes, sobre todo a su casa de campo en Fryston, una inmensa y decrépita mansión de estilo georgiano, que Tennyson llamó Freezetown, es decir, la Ciudad del Frío. Las reuniones convocadas por Milnes tuvieron gran fama en su día; a ellas acudieron con frecuencia Carlyle, Disraeli y Swinburne. Milnes tenía un curioso aprecio por los norteamericanos, de quienes por entonces Inglaterra en pleno se burlaba, debido a su acento y a sus errores gramaticales. Entre quienes fueron bien recibidos en Fryston, estuvieron Nathaniel Hawthorne y Henry Adams.

A finales del verano de 1859, Burton hizo varias visitad a Fryston. Las grandes bibliotecas le intrigaban, y allí había libros por todas partes, en todas las estancias. La mansión era en sí un desastre. El yeso se desconchaba del techo y de las paredes; Milnes no permitía que su esposa la decorase a su antojo, sino que seguía introduciendo más y más anaqueles llenos de libros. Su biblioteca estaba bastante bien catalogada por materias y por lenguas y, en ella estaba representada toda la literatura europea de cuatro siglos enteros, desde la poesía inglesa a la revolución francesa, hasta la excepcional colección de obras eróticas que poseía Milnes, por la cual gozó de merecida fama.

El material erótico provenía, sobre todo, de las adquisiciones de Fred Hankey, conocido de Burton desde los tiempos de El Cairo, realizada ya la peregrinación a La Meca. Hankey residía entonces en París, destacado centro de la pornografía. Tenía una amante francesa, sin la cual no estaba dispuesto a viajar.

Se dice que Hankey tenía en sus aposentos, toda clase de objetos sexuales. Su fama de sádico le convirtió en el modelo de sádico inglés, en el que se inspiraron no pocos novelistas franceses e italianos de finales de siglo. Hankey, bastante agorado por su erotomanía, terminó por desaparecer, aunque se cree que murió a finales de siglo “quizá… en un manicomio parisino”.

Pues eso.

(Continuará.)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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