Talleyrand. De camino a Brumario. VII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Las diferencias que separaban a Enmanuel Sièyes de Talleyrand, no impidieron que los dos conspiraran juntos, en busca de una alternativa al Directorio. Sièyes estaba en Berlín, pero conocía perfectamente la complicidad del abbé de Périgord con Bonaparte. Incluso parece que le dijo: “¡Necesitamos una espada!”. Tres de cada cuatro obreros de París no tenían trabajo. Se veía venir otro golpe de los realistas, y los neojacobinos se estaban preparando para un nuevo enfrentamiento. El prestigio de Barras se hallaba por los suelos: “Se estaba vendiendo a diario para pagarse sus placeres”, había dicho un primo suyo el marqués de Sade, a punto de ser encerrado en Charenton.
Bajo la influencia de la historia de Roma, empezaron a darle vueltas a la posibilidad de un triunvirato, aunque, a decir verdad, los dos triunviratos que vivió la República romana, acabaron con la dictadura de Octavio Augusto. Para dotarse de mayor independencia, Talleyrand dimitió de su cargo de ministro en julio. Y cuando se le insistió en la pérdida de influencia de Francia, en los territorios que se creían dominados, respondió:
“Declaro que cualquier sistema dirigido a llevar la libertad mediante la fuerza a naciones vecinas, solo conseguirá hacer de la libertad algo odioso y está condenado al fracaso”.
Como ha escrito D. Lawdey:
“Talleyrand fue el único entre los estadistas contemporáneos, en hablar de los intereses de Europa como una entidad con intereses comunes que, si se defendían, acabarían forzosamente beneficiándolos a todos… Sin embargo, el antiguo abbé no era un idealista y conocía las viejas rivalidades mejor que nadie. Su principal preocupación era Francia. Si se lograba un equilibrio de poderes en Europa, sería el primer paso hacia la prosperidad en la zona”.
Cuando Napoleón reapareció inesperadamente en París el 16 de octubre de 1799, puso en marcha los planes que venían madurándose en las mentes de Talleyrand, Sièyes y un puñado de hombres políticos liberales e inteligentes.
Nuestro abbé de Périgord advirtió que, si en aquel momento, Napoleón no se veía aún con capacidad para aspirar al poder supremo, si se creía capaz de facilitar una situación que en el futuro le permitiera hacerse con él. La solución estaba en un triunvirato, y él se encargó de hacer de intermediario entre Bonaparte y Sièyes.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.