EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

Talleyrand. Tal para cual. I


(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

“Veo por las cartas que me envía que usted parte siempre del mismo falso principio. Imagina que la libertad hará que un pueblo blando, supersticioso, ocioso y cobarde haga grandes cosas. Yo no puedo hacer milagros…”

(Napoleón a Talleyrand refiriéndose a Italia, pero pensando también en Francia).

Por aquel entonces, la prensa no dejaba de hablar de Bonaparte y de sus hazañas en Italia. Aquel hombre gustaba a Talleyrand, e intuía que estaban condenados a entenderse y ayudarse. Era claramente un hombre “de orden”, sin el cual nada es posible. Regresó a París a través de Ámsterdam y Bruselas sirviéndose de un pasaporte que le extendieron en latín los magistrados de Hamburgo, identificándole como un comerciante suizo: HonestusTalayran Negotiator Helveticus. En un año iba a convertirse, gracias a Barras, en ministro de Asuntos Exteriores del Directorio.

Desde el día en que Talleyrand hubo puesto el pie en su país, hasta que se encontró por primera vez con Bonaparte, dirigió todos sus esfuerzos, a ganarse de nuevo un lugar “en el sol” y, por “el sol” debemos entender en el Gobierno de Francia. Las cosas habían cambiado mucho desde que se había ido. Antes de partir había conseguido llevar una doble vida: estuvo en primera línea de la Revolución (la nacionalización de los bienes del clero, la Constitución y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, llevaban claramente su impronta). Pero, al mismo tiempo, nunca se desvinculó por completo del ancien régimen. Ahora aquella duplicidad parecía impensable. Eliminados el Terror y la violencia callejera, aunque no sus nostálgicos, el París que encontró había empezado a respirar, si bien sus habitantes seguían saludándose entre sí como “ciudadanos”.

Según la nueva Constitución republicana de 1795 (del año III), la Convención fue disuelta y reemplazada por una nueva organización política. El poder legislativo residía en una asamblea bicameral, compuesta por el Consejo de los Quinientos (elegidos por sufragio censitario) y el Consejo de los Ancianos (elegidos por el Consejo de los Quinientos). El poder ejecutivo recayó en un Directorio compuesto por cinco “directores”, renovados por quintos cada año a cargo del Consejo de Ancianos. Con ello se buscaba impedir una nueva dictadura personalista o colectiva como la que se impuso en su fase final bajo Robespierre, estableciendo a un tiempo el sufragio censitario, que favorecía a la clase política burguesa y moderada.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


EL TIEMPO

GUÍA TV

CARTELERA

CINE EN CASA

PASATIEMPOS

SORTEOS

 

Hacemos el periodismo que la sociedad necesita
¡Tú lo haces posible!

 

El periodismo verdaderamente independiente no responde a intereses corporativos ni políticos; responde únicamente a sus lectores. Para seguir investigando, destapando realidades incómodas y garantizando una información rigurosa, libre de censura y con firmes valores sociales, necesitamos tu apoyo.

Cada aportación económica es el escudo que protege nuestra libertad y la garantía de que las historias que importan sigan saliendo a la luz. Apoya hoy nuestro proyecto y defiende un periodismo libre.

 

*Si deseas hacer una donación a EL OBRERO a través de tarjeta de crédito (o cuenta bancaria asociada a Paypal), desde cualquier país del mundo, puedes hacerlo con el sistema de pago seguro PAYPAL, en el enlace "¡Apóyanos y dona!". Es muy sencillo operar con PAYPAL, y totalmente seguro. Paypal no comparte tus datos de cuenta o tarjeta con terceros, ni con EL OBRERO. En el último paso, Paypal te generará un recibo del pago efectuado. Muchas gracias por tu apoyo. Para cualquier duda, escríbenos a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..