László Almásy. El Sahara. IV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Al año siguiente, 1927, durante la primera exposición automovilística universal, celebrada en El Cairo, el conde húngaro, László Almásy, actuó en representación de la marca de coches Steyr, con varios vehículos experimentales. De ahí, a probar los riesgos de una excursión por el desierto, mediaba solamente un paso. Y según nos cuenta él, partió de las grandes pirámides en busca de la aventura, en una hermosa mañana de primavera, llevando consigo un guía beduino y una brújula. Fue un viaje de 350 km, nunca antes efectuado en automóvil, sin víveres y portando un bidón, con sólo 10 litros de agua.
Fue por aquella época, cundo Almásy comenzó a aprender árabe, una de las seis lenguas que llegó a dominar, a lo largo de su vida. Las cinco restantes fueron el alemán, el inglés, el francés, el italiano y, naturalmente el húngaro. Y en 1929, con motivo de otro viaje de pruebas a gran escala, entre Mombasa y Alejandría, con dos vehículos Steyr, su vida dio un vuelco, no premeditado en principio, el giro definitivo hacia la exploración, de los yermos espacios ilimitados. Esta vez sus acompañantes eran el príncipe Fernando de Liechtenstein y, el operador de cámara austriaco Rudi Mayer. La expedición remontó Kenia y Sudán, atravesando montañas y zonas de selva, estepas arbustivas y, regiones enteras de ciénagas, los famosos pantanos de El Sudd, antes de abordar el desierto de Libia.
Después de años de acumular kilómetros y más kilómetros, en las ruedas de sus vehículos de prueba, por territorios exóticos y medio salvajes, el piloto húngaro comenzaba a experimentar una inquietud, por algo que se situaba más allá de su profesión. Poco a poco entorno había crecido en su interés, no ya como el medio donde experimentar nuevos coches o técnicas de conducción, sino por el misterio que encerraba. Sin pretenderlo, su pasión por los motores había dejado de ser exclusiva. El ingeniero profesional, preocupado por no atascar su máquina en un barrizal, o por tener que reparar averías in situ, con recursos limitados, daba paso al geógrafo aficionado, cuya curiosidad se traducía, en preguntas perturbadoras, o carentes aún de respuesta ¿Qué había tras la gigantesca mancha en blanco, señalada en los mapas, como el desierto de Libia? ¿Por qué nadie había osado todavía, penetrar allí, para averiguarlo?
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.