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László Almásy. El Sahara. III


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Seguramente bastantes de los que lean estas líneas, habrán visto en su día la película “El paciente inglés” que, por cierto, no era inglés, sino húngaro, y en la que también sale mi admirada Kristin Scott Thomas.

En solo un siglo, el Sahara dejó de ser un espacio en blanco en los mapas europeos. A finales del XIX el conjunto de su parte central y occidental, había sido recorrido en todos los sentidos por los exploradores, aunque ello le hubiera costado la vida, a más de uno. Sin embargo, extensas zonas de su sector oriental, permanecían todavía vírgenes.

Concretamente, el desierto de Libia, cuya parte más extensa se sitúa en el actual Egipto, al occidente del valle del Nilo, siguió siendo una tierra incógnita, hasta bien entrado el siglo XX. Los propios beduinos (los “bedus”) se referían a él, como un “desierto dentro del desierto” y lo evitaban, considerándolo infranqueable. La ausencia de oasis, o las excesivas distancias entre unos y otros, hacían imposibles las travesías, incluso para los camellos, los “navíos de las arenas”. Hubo que esperar a que la ciencia, proporcionara un par de sustitutos mecanizados: el avión y el automóvil.

Lo principal de la odisea del conde húngaro, en el enigmático desierto africano, puede situarse a principios de los años treinta, del siglo XX. Ahora bien ¿de dónde le vino su pasión, por las estériles dunas y las soledades que las cobijan? La pregunta no puede ser más pertinente, si consideramos ese rincón de sus lares patrios: la verdes y suaves colinas de Burgenland – antaño pertenecientes a Hungría y, hoy en territorio austriaco – cubiertas de densos bosques, donde todavía hoy, se alza el castillo de Bernstein, entre cuyos muros vio la luz por primera vez nuestro personaje, el 22 de agosto de 1895. Ningún paisaje puede ser más opuesto, al de las vacías y ardientes “hammadas”, que el que rodeó la infancia del futuro explorador.

En este sentido, no debemos desdeñar el precedente paterno. György Almásy, especializado en el estudio del continente asiático, había realizado tareas de exploración, en varios de sus países. Esto podría explicar, al menos en parte, la vocación viajera de su retoño. Pero nos sigue faltando, el motivo de la predilección de éste por el desierto. La cuestión plantea dudas al mismo Almásy, ya que en su obra escrita “Sahara desconocido”, no deja de interrogarse al respecto, sin llegar nunca a una conclusión definitiva: “¿Quizá porque, cuando pisé por primera vez suelo africano, me encontré de bruces con el desierto?”.

El primer contacto con África, al que alude Almásy, tuvo lugar en 1926, en Egipto, cuando contaba 31 años, edad más bien tardía, para empezar una carreara de explorador. Pero es que, hasta entonces, sus inquietudes de investigador, habían marchado en otra dirección, la de la mecánica de los coches y aviones. Sus estudios secundarios, iniciados en Graz, los acabó en la reputada escuela inglesa de Harrow y, al tiempo que emprendía su formación universitaria en Londres, buscó la manera de conseguir su licencia de vuelo, la cual obtuvo ras cumplir los 17. Durante la Gran Guerra 1914-1918 (PGM) fue condecorado con la medalla al valor, por sus acciones como piloto, en el frente italiano. Y, a principios de los “felices veinte”, trabajaba ya como ingeniero y conductor de pruebas, para la fábrica de automóviles Steyr, radicada en Graz.

Fue precisamente su empresa, la que le envió a Egipto en comisión de servicios, aunque es más que probable que dicha comisión, la propiciara el propio Almásy. Su tarea consistía en sondear las posibilidades del mercado, así como en averiguar, la repuesta de los coches Steyr, a las exigencias técnicas, planteadas por las condiciones extremas, del suelo africano. Y hay que decir que aprovechó la ocasión a conciencia, puesto que organizó una expedición de caza en Sudán, para el príncipe magiar Antal Esterházy, que le llevó a ambos, a lo largo del valle del Nilo, hasta Jartum, siendo ésta la primera vez que tal recorrido, se efectuaba con un vehículo de motor.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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