Una lavandería en Barcino
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Las lavanderías de los romanos se llamaban fullonica, que, además, también eran tintorerías. Pero no todos los habitantes se podían permitir el lujo de acudir a un establecimiento de este tipo porque era caro. Y lo era porque el producto estrella que se empleaba era la orina y al emperador Vespasiano se le ocurrió, buscando recursos, imponer un tributo sobre la misma. Estableciendo que debía recogerse en las letrinas públicas que levantó Roma, seguramente con un prurito de higiene, pero también con la idea de poder controlar esta necesidad humana con el fin sacar recursos para la hacienda. El ácido de la orina era un potente disolvente. Aunque no sabemos con mucha certeza cómo era el ciclo de la limpieza, al parecer se emitió una Ley, la denominada Metilia que especificaba el procedimiento. Intentemos repasarlo.
En primer lugar, los empleados de la fullonicas revisaban la prenda entregada por si el tejido tenía algún tipo de daño. Si así era había que arreglarlo. Después de atiesaba y se limpiaba la tela con sustancias alcalinas, el sardo, según Plinio el Viejo, el gran sabio con su Historia Natural.
Al principio, antes de la disposición de Vespasiano, en las entradas de cada fullonica se disponían ánforas recortadas para recoger la orina necesaria para la limpieza de las ropas que se entregaban. No era infrecuente que se invitase a través de un letrero a los transeúntes para que orinaran en dichos recipientes. En la propia Barcino se ha encontrado, precisamente, junto a la pileta de la primera estancia de la fullonica, un ánfora recortada, con restos de cenizas que se empleaban, además, como detergentes y blanqueantes. En el interior de la pileta, junto a un sedimento grueso de cal, los análisis efectuados han permitido constatar no sólo esas cenizas sino también la preciada orina. Después había una segunda pileta, la lacuna fullonica, que se dedicaba al aclarado. Al parecer, es muy parecida a las que se han hallado en Ostia, cerca de Roma. Por fin, habría una tercera estancia en la fullonica de Barcino, que tenía un barro cocido, seguramente para operaciones de batido, escurrido y plancha de los paños. La cuarta sala pudo ser un almacén o sala de recepción. En la lavandería barcelonesa faltaba algo muy típico de las fullonicas, las pilas de pisado o saltus fullonici.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.