Afganistán. William Darlrymple
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
En 2013 el gran historiador escocés William Dalrymple, publicó “El retorno de un rey”. Y en 2014 se editó la versión francesa del mismo. Para los viejos interesados en Afganistán, la edición francesa no nos pasó desapercibida. Al menos yo la adquirí. Ahora, el pasado junio, no sé si por casualidad, o por oportunismo editorial, se ha publicado la versión castellana.
Para los que no lo hayan leído, para los que no estén interesados por Afganistán, adelanto que la obra, no es sólo una magnifica obra de historia, es un libro apasionante que también se puede leer, como una muy buena novela de aventuras. Los críticos literarios, han escrito sobre él, cosas como las siguientes:
“Soberbio… los acontecimientos descritos en “El retorno de un rey” todavía, incluso ciento setenta años después, siguen teniendo el poder de conmovernos y así es como deber ser. Esperemos que cualquier futuro líder de los británicos, que se plantee intervenir en Afganistán, o en cualquier otra parte del mundo musulmán, lea el libro de Dalrymple” (“Financial Times).
“El historiador escocés William Dalrymple afronta este periodo histórico, no sólo en función de las fuentes británicas. Además, aporta el estudio de escritos afganos hasta ahora ignorados, en la visión histórica de la Primera Guerra Anglo-Afgana. Su mirada analiza, tanto los factores estratégicos, económicos, militares y políticos, que llevaron a la Compañía de las Indias Orientales, a intervenir en la política internas de Afganistán, como la visión afgana frente a estos acontecimientos” (Íñigo Pereyra “Desperta Ferro. Historia Moderna nº 29”).
“William Dalrymple es un maestro de la narración, que instila tal pasión, vivacidad y sensación de realidad, a los personajes históricos de la Primera Guerra Anglo-Afgana (1839-1842) que, al final de las casi quinientas páginas, sientes que has marchado, luchado, cenado y confabulado con todos ellos: cuando lo terminé de leer, volví a empezar” (“Independent”).
Entre otras muchas cosas, el propio Dalrymple, nos explica que los británicos comenzaron a comprender, que Afganistán era un lugar difícil de gobernar. En los dos últimos milenios, solo durante breves periodos de tiempo, el país había sido regido por un poder central consistente, durante los cuales las diferentes tribus, reconocían la autoridad de un único gobernante. Y todavía más breves, fueron los momentos en los que se alcanzó, algo similar a un sistema político unificado. En cierto modo, más que un estado, era un caleidoscopio de principados tribales enfrentados, gobernados por “maliks” o “vakils”, en los que las alianzas eran meramente personales, y dependían más de la negociación que de la imposición. Las tradiciones de las tribus eran igualitarias e independientes, y sólo se sometían a una autoridad externa, bajo sus propias condiciones. Las recompensas financieras posibilitaban la cooperación, pero rara vez aseguraban la lealtad: el soldado afgano debía su obediencia, al jefe tribal que lo reclutaba y pagaba, y no a los líderes de las remotas ciudades de Kabul o Peshawar.
Sin embargo, a menudo, ni siquiera los líderes de las tribus eran capaces de garantizar adhesiones, a causa del carácter fluctuante y difuso de la autoridad: Como dice el proverbio: “Tras cada colina se sienta un emperador”, o también “Cada hombre es un ‘kan’ (Kan o Jan, del mongol moderno, es en origen un título turco-mongol que significa 'máximo gobernante'). En ese contexto, el Estado no tuvo nunca el monopolio del poder, sino que era uno más, de los candidatos en liza, en búsqueda de alianzas. No es de extrañar, que los afganos llamen a sus montañas orgullosamente “Yaghistan” (“la tierra de de la rebelión”).
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.