Socialismo y arquitectura en Francisco Azorín
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
A Francisco Azorín nos hemos acercado en muchas ocasiones por su fundamental papel en la historia de la relación entre el esperanto y el movimiento obrero socialista, pero también fue un importante arquitecto. En esta pieza abordamos sus ideas sobre la relación entre la arquitectura y el socialismo a través de un artículo que publicó en el número del primero de mayo de 1918 de El Socialista.
El socialismo no suponía exclusivamente el advenimiento de una política nueva sino de una nueva civilización. Al pretender un cambio en el régimen de la propiedad los socialistas trabajaban por una mayor producción de riqueza y una mejor distribución de los productos para conseguir una Humanidad más sana y más fuerte, pero también más buena, más inteligente y más artistística.
El ambiente que se iba a crear con el socialismo habría de influir en la aparición de individualidades artísticas más completas, y como además toda obra humana, aún la que se estimaba como más personal, era una labor de colaboración, la extensión de la cultura repercutiría de forma extraordinaria en las obras artísticas.
El socialismo liberaría a los artistas de la esclavitud económica a que los tendría sometida la burguesía, siendo, además, una esclavitud un tanto especial porque los artistas tenían que fingir que no la sentían para continuar cultivando la leyenda de la independencia artística.
Para Azorín la arquitectura variaría con el triunfo del socialismo, con la liberación del artista porque aquella siempre habría sido expresión de cada civilización. Iban a variar las reglas del trazado de las ciudades porque éstas deberán atender a un nuevo concepto de igualdad social, tenderán a que todos disfruten de la higiene, de la comodidad y de la belleza. Azorín pensaba en ciudades-jardín que habían sido como soñadas pero nunca posibles de realizar adecuadamente dentro del sistema capitalista, que definió como de “privilegio y favor”.
Dentro de las ciudades los mejores edificios serían las escuelas porque reflejarían el amor a la Humanidad de los socialistas. Pero también adquirirían mucha importancia los centros sindicales, hoy “rudimentariamente sintetizados en las Casas del Pueblo”. Dichos centros tendrían locales de discusión y estudio, museos, bibliotecas profesionales y salones de exposición. Las Casas del Pueblo concentrarían el movimiento y la acción.
La educación física, tan descuidada en ese momento, recibirían mayor atención: baños públicos, gimnasios, campos de juego, etc..
Pero, además, debían cambiar radicalmente algunos edificios. En este sentido, las cárceles, que eran lugares de tortura, deberían transformarse en verdaderos reformatorios. Por su parte, los hospitales debían perder su repulsivo aspecto. En los cementerios se terminaría la desigualdad tan aparatosa como poco higiénica, y se divulgarían los crematorios. Por fin, los teatros debían anular las preferencias ornamentales y de comodidad.
Hemos trabajado con el número del primero de mayo de 1918 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
Lo último de Eduardo Montagut
- Berthe Fouchère y el control obrero (1929)
- Reflexiones sobre el control obrero en los años veinte
- Joaquín Mencos sobre la labor educativa del control obrero o las diferencias entre socialistas y comunistas
- La participación obrera en el gobierno de las empresas en el fabianismo según Paul Ramadier (1952)
- Eusebi Carbó i Carbó