Talleyrand. La Revolución al fin. IX
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
A partir del 7 de enero se iniciaron los juramentos en el resto de Francia, pero la mitad de los sacerdotes se negó. Como era de esperar, el Papa Pio VI consideró está Constitución civil del clero, herética, sacrílega y cismática. Prohibió a los clérigos prestar dicho juramento y, ordenó a los que ya la habían jurado a retractarse. Este episodio originó una ruptura en el seno de la Iglesia francesa entre los clérigos juramentados y los llamados refractarios y, constituyó la ruptura definitiva entre la Revolución y el papa. A raíz de ella muchos católicos, que habían apoyado en principio la Revolución, pasaron a la oposición. Bastantes años después el exobispo de Autun, llegó a la conclusión de que la medida había sido nefasta e innecesaria. Escribe en sus memorias:
“No me avergüenzo de reconocer que, cualquiera que fuese mi intervención en esta obra (fue todo obra suya), La Constitución civil del clero fue quizá el mayor error político de la Asamblea”.
Charles-Maurice, elegido presidente de la Asamblea el 16 de febrero en calidad de representante de la diócesis de Autun, prestó su juramento el 28 de diciembre (el día de los Santos Inocentes) convirtiéndose en uno de los tres obispos juramentados con que contaba en aquel momento la Iglesia de Francia.
A los pocos meses de la promoción del obispo de Autun a presidente de la Asamblea, se decidió por unanimidad que no se podía dejar pasar el 14 de julio de 1790, aniversario de la toma de la Bastilla, como un día cualquiera. Para su solemne celebración se reunieron en París 14.000 delegados de las guardias nacionales de todos los departamentos. La enorme mise en scène de la Fiesta de la Federación, del juramento a la nación, a la ley y al rey, se nos aparece hoy como una manifestación de pura propaganda. En ella Talleyrand, celebrará la gran misa en el altar que se elevará en el centro del Campo de Marte, donde desde 1889 se yergue la emblemática Torre Eiffel, lugar escogido para el acontecimiento por especial designación del monarca.
La finalidad de lo que su protagonista calificó luego de “bouffonerie du Champs-de-Mars” fue encender al máximo el patriotismo de la nación, impresionándola por la magnitud de los medios empleados, e impresionar asimismo a los enemigos de la Revolución (interiores y exteriores) advirtiéndoles de que cualquier intento de dar marcha atrás estaba condenado al fracaso. Al frente de todo el espectáculo, el todavía obispo de Autun, aristócrata reformado, hombre de Dios y de la Constitución y, cabeza visible de la Asamblea Nacional, iba a ser testigo ante el cielo y la humanidad, de los juramentos que serían prestados.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.