Talleyrand. El nepotismo eclesiástico. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
No todos los que en el siglo XVIII entraban en un seminario en Francia y en otros muchos países europeos, lo hacían por vocación religiosa. Para muchos jóvenes humildes con afán de aprender, el seminario era la única escuela gratuita que se les ofrecía. Suficiente es recordar la historia del protagonista de Rojo y negro de Henri Beyle, más conocido por su seudónimo Stendhal. Que luego fueran buenos o malos curas, ya era otro cantar. Es de suponer que habría de todo. También ocurría lo mismo entre las grandes familias: al amparo de la Iglesia, las cabezas brillantes podían labrarse un porvenir envidiable, a cambio de unas obligaciones y privaciones mínimas. Si en la familia había ya, además, alguna autoridad eclesiástica destacada, la cosa se presentaba más fácil todavía.
Algo de lo dicho ocurría en la familia Talleyrand. La carrera del longevo Alexandre-Angélique de Talleyrand-Périgord (1736-1821) hermano del padre de Charles-Maurice, es un ejemplo de lo que estamos diciendo. Tras estudiar en el seminario de Saint-Sulpice con los oratorianos, fue nombrado limosnero del rey y, luego, vicario de Verdún, gracias a las influencias de su cuñada, la condesa de Périgord, mujer todopoderosa bajo Luis XV, aunque no figure entre sus amantes. No había cumplido aún 30 años, cuando Charles-Antoine de La Roche-Aymon, arzobispo de Reims, lo elige como coadjutor y, lo hace nombrar para la sede en in partibus de Trajanopolis. El arzobispo titular muere 10 años después y, Alexander-Angélique se elige a sí mismo como sucesor, de acuerdo con lo previsto. En aquel momento el arzobispado de Reims ingresaba 560.000 libras de rentas anuales (el doble que el de Narbona). El nuevo arzobispo no dudará en elegir como su coadjutor al mayor de sus sobrinos, nuestro Charles-Maurice.
Tres años después, con los 15 cumplidos, Chales-Maurice se instala en Reims. Allí tomó el nombre de “abad de Périgord” y vistió su primera sotana (en realidad, calzones hasta la rodilla, frac, y medias de seda negros), requisito al que todavía no estaba obligado y, si hay que creer al interesado, “le fue impuesto contra su voluntad”. Hombre de natural elegancia, quizá pensó que el negro no le sentaba bien. Mme. de Chateaubriand, que lo odiaba, lo recuerda como un chico “bastante guapo, con cabellos rubios y ondulados y, una mirada límpida, pero fría y escrutadora y, una estatura superior a la media”. Llegó a medir casi un metro ochenta.
Pues eso.
(Continuará. )
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.