Baruch Spinoza. Primeras críticas al TTP. VI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Como ya apuntamos en el anterior escrito, Spinoza se vio obligado a retirar la Ética de la imprenta y, se lo comunica a su amigo H. Oldenburg en una carta:
“En el momento en que recibí la carta del 22 de julio, partí para Ámsterdam con la intención de mandar imprimir el libro del que le había hablado en otra carta. Mientras hacía estas gestiones, se difundió por todas partes, el rumor de que un libro mío sobre Dios estaba en prensa y, que intentaba demostrar en él que no existe Dios y, muchos daban crédito a dicho rumor. Algunos teólogos (los autores, quizá, de dicho rumor) aprovecharon la ocasión de querellarse de mí ante el príncipe y magistrados. Además, algunos estúpidos cartesianos, que pasaban por simpatizar conmigo, a fin de alejar de ellos tal sospecha, no cesaban de detestar por doquier mis escritos y opiniones, ni han cesado todavía. Cuando me enteré de todo esto por hombres dignos de crédito, que me dijeron, además, que los teólogos me tendían por todas partes acechanzas, decidí diferir la edición que preparaba, hasta ver en qué paraba el asunto y comunicarle, llegado ese momento, cual era mi opinión. Pero el asunto parece ir cada día a peor y, por tanto, no sé qué hacer”.
Como ya hemos visto, desde la prohibición del TTP (“Tratado teológico-político”) por el gobierno de Guillermo III de Orange, el 19 de julio del 1674, el signo de los tiempos había cambiado para Spinoza, aunque quizá sólo de forma oficial. Por el contrario, desde el momento en que se vio forzado a retirar de la imprenta su manuscrito de la Ética, él mismo reconoce que su situación es todavía peor y la prevé casi irreversible.
En efecto, su carta a Oldenburg justifica su decisión por múltiples y graves motivos. Según sus palabras, unos se pueden calificar de “oficiales” (“querellas de mí ante el príncipe y los magistrados”), otros de eclesiásticos (“los teólogos”), otros filosóficos (“estúpidos cartesianos”), y otros, en fin, de ambientales o generales, ya que las críticas contra él habían llegado a tal extremo, que todo el mundo detestaba sus escritos.
A la vista de ese ambiente devastador, Spinoza consultó la situación con “hombres dignos de crédito”, el primero de ellos – no cabe dudarlo – su editor de siempre y fiel amigo, Jan Rieuwertsz. Y con su asesoramiento y de todo el “círculo” con él, tomó la decisión, provisional en principio, de “diferir la edición hasta ver en que paraba el asunto”. Pero para él fue de hecho la definitiva.
No obstante, cuando dentro de año y medio él presiente la muerte cerca, dará orden a Spyck de que su escritorio (o pupitre) con el manuscrito de la Ética y otras obras, sea enviado a su editor, Jan Rieuwertsz, de suerte que la obra verá la luz aquel mismo año.
Pues eso.
(Continuará).
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.